Por Daniel A. Mora, BTh | 13 de junio, 2022

La discusión actual sobre la autoridad de los escritos de Ellen White sigue siendo un dolor de cabezas para el adventismo. Esta línea tradicional del adventismo pudo verse en el reciente congreso de la Asociación General, y dos votaciones que cambiaron drásticamente la ya deteriorada posición del adventismo, y de la propia Ellen White, sobre el papel que ella tiene en el adventismo. Haciendo retroceder al adventismo al auge del fundamentalismo desarrollado en la Conferencia bíblica de 1919.[1]

El miércoles 8 de junio, se presentó ante los delegados una enmienda que solicitaba modificar el capítulo 8 del Manual de la iglesia, para crear la oficina para las iglesias locales, el Coordinador de los escritos del Espíritu de Profecía.  Si bien hubo un apoyo, la mayoría de delegados que hablaron, dijeron que les preocupaba que la enmienda pudiera distorsionar o mal interpretar los escritos de Ellen White, “como superiores a la Biblia”. No estaban tan equivocados, sus temores se volverían a repetir el día jueves, cuando se presentó la propuesta para aprobar la “Declaración de Confianza en los Escritos de Elena de White”.

En el congreso de la AG de 2015, también se presentó esta “Declaración de Confianza”, y fue aprobada por la mayoría de los delegados. Sin embargo, la declaración de 2022 agregó un lenguaje preocupante, extralimitando la función de los escritos de Ellen White: “Creemos que los escritos de Ellen G. White […] en lugar de sustituir a las Escrituras, elevan su carácter normativo, protegen a la Iglesia de ‘todo viento de doctrina’ (Efesios 4:14) y ofrecen una guía inspirada de los pasajes bíblicos sin agotar su significado ni impedir su estudio complementario. También nos ayudan a superar la tentación humana de aceptar lo que nos gusta de la Biblia, y alterar o desechar lo que no nos agrada”. Básicamente, como diría un pastor, “la Biblia debe ser leída a través de los lentes de Ellen White”.

La creencia no. 18, “El don de profecía”, pone el asunto en una mejor perspectiva. Se debe recordar que lo único oficial de las 28 creencias adventistas, son los primeros párrafos que están en negrita y al inicio de cada creencia. De manera que las explicaciones extensas de cada creencia, representan un cierto consenso de los adventistas, pero no tienen ningún carácter oficial. Hablando de los escritos de Ellen White, la creencia dice: “Sus escritos hablan con autoridad profética y proveen consuelo, guía, instrucción, y corrección a la iglesia. También dejan claro que la Biblia es el estándar por el cual toda enseñanza y experiencia debe ser probada” (énfasis añadido).

De modo que la “Declaración de Confianza” de 2022, contradice sustancialmente la creencia no. 18, ya que sitúa a los escritos de Ellen White en una posición superior a la Biblia, sus escritos parecen fiscalizar y filtrar a las Escrituras. Solo el simple hecho de que se afirme que los escritos de Ellen White son los que “levantan” (de verbo ingles uplift) “el carácter normativo” de las Escritura, dinamita la autoridad propia de la Sola Scriptura. De hecho, la creencia no. 18 fue modificada en el congreso de la AG de 2015, mientras que la revisión de 2005 decía: “sus escritos son una permanente y autorizada fuente de verdad…”, esa frase se suprimió, quedando la actual: “sus escritos hablan con autoridad profética”. En un intento claro por demostrar que las Escrituras son superiores a Ellen White.

En este sentido no estamos tan lejos de los católicos, tal como lo afirmó en su libro el teólogo y sacerdote católico Daniel Gagnon, al hablar sobre la subordinación de la Biblia a la iglesia: “Creemos en la autoridad de la Biblia, PORQUE LA IGLESIA NOS DICE QUE la tiene. No porque la Biblia lo dice”.[2] En el compendio del catecismo católico, se dice como debe ser leída la Biblia: “19. ¿Cómo se debe leer la Sagrada Escritura? […] La Sagrada Escritura debe ser leída e interpretada con la ayuda del Espíritu Santo y bajo la guía del Magisterio de la Iglesia”.

La autoridad de la Biblia y los primeros adventistas  

Los primeros adventistas mantuvieron una posición firme sobre la autoridad infalible de la Biblia.[3] Estos pioneros tenían un enfoque restaurador de las Escrituras, como lo explicó Merlin D. Burt, es decir, estudiaron y criticaron las interpretaciones tradicionales de la Biblia que se habían desarrollado a lo largo de los siglos. Eran lo suficientemente inteligentes como para no pegarse un disparo en el pie, aventurándose a exaltar los escritos de Ellen White como “autoritativos”. Y jugar con la ambigüedad de que la autoridad de ella era igual a la autoridad bíblica. George Knight en su artículo “Elena de White, la Escritura, y la cuestión de la autoridad: Un vistazo histórico”, hizo una revisión profunda sobre esta alteración de la autoridad en el adventismo y como el grupo “sectario” esta intentando elevarla a un nivel que ella misma se avergonzaría.

¿Qué diremos de los presidentes de la AG? En 1883, George I. Butler, el presidente de la AG, escribió un extenso artículo en un suplemento de la Review and Herald,[4] para refutar las acusaciones de A. C. Long,[5] quien acuso a los adventistas de “avergonzarse” de los escritos de Ellen White, ya que varias porciones de las primeras visiones de ella no fueron impresas en la edición del libro Primeros escritos. Butler hizo una defensa de la inspiración de White, sin embargo, él afirmó:

“No los consideramos [a los escritos de Ellen White] como superiores a la Biblia, o en un sentido como iguales a ella. Las Escrituras son nuestra regla para probar todo mediante ellas, tanto las visiones como también todas las demás cosas. Esa regla, por lo tanto, es la autoridad suprema; la norma es más alta que aquello que es probado por ella. Si la Biblia mostrase que las visiones no están en armonía con ella, la Biblia permanecería y las visiones serían desechadas. Esto muestra claramente que consideramos a la Biblia como suprema, a pesar de lo que puedan decir nuestros enemigos”.[6]

De hecho, los pioneros, incluyendo Ellen White, se negaron a formular una declaración de creencias con carácter normativo, tal como hoy se puede entender. Incluso en su primera declaración sobre Fundamental Principles, como solían llamarlos, publicado en el Yearbook de la AG de 1889, fueron lapidarios al iniciar diciendo: “Como ya se ha dicho, los Adventistas del Séptimo Día no tienen ninguna otra creencia que la Biblia”.[7] Ellos explicaron en estos puntos de fe que el don de profecía “se manifestó en el ministerio de Ellen G. White”, espera, ¡ellos no se atrevieron a decir semejante cosa! Solo describieron en el punto 19, que “el Espíritu de Dios fue prometido para manifestarse en la iglesia a través de diferentes dones, enumerados especialmente en 1 Corintios 12 y Efesios 4; estos dones no están destinados a sustituir o tomar el lugar de la Biblia, que es suficiente para hacernos sabios para la salvación.”[8] Fueron lo suficientemente inteligentes como para decir, que Él único que tiene autoridad para interpretar las Escrituras, operando en la mente de los humanos, es un sujeto llamado “el Espíritu Santo […] para llevar a la comprensión de esa Palabra que había inspirado, para convencer del pecado y para obrar una transformación en el corazón y en la vida.”

Los primeros Yearbooks de la AG, no solo contenían el directorio de todos los ministros ordenados, ministros con licencia, misioneros y administradores del adventismo; también, contenían los sencillos reglamentos operativos y algunas que otras disposiciones. Así que lo publicado allí, contenía mucho del pensamiento adventista. Las declaraciones o los puntos de fe, se publicaron de manera intermitente, y se siguió reafirmando la plenitud de los dones espirituales, sin siquiera mencionar a Ellen White como la profetiza o sus escritos, como “fuente autorizada” que “elevan el carácter normativo” de la Biblia.[9]

La percepción de los adventistas sobre la autoridad de Ellen White comenzó a cambiar dramáticamente en la Conferencia bíblica de 1919, aunque estas conclusiones no aparecieron en los Yearbook de la AG. Denis Fortin, concuerda como muchos historiadores, a la luz de las transcripciones de esa reunión, la mayoría de líderes adventistas: […] tenían una visión verbal de la inspiración. Eran lo que vendríamos a llamar fundamentalistas. También vieron los escritos de Ellen White como inerrantes e infalibles en todos los asuntos de enseñanzas, ya sea interpretación bíblica, hechos históricos o información científica y de salud. Su lectura de los escritos inspirados tendía a ser simple y literal: tomar la Biblia y los escritos de Ellen White tal como los leían, con poca consideración del contexto, la cultura o la historia”.

En ninguna parte de esas declaraciones oficiales, los primeros adventistas mencionaron a Ellen White, y menos en los niveles como hoy se está haciendo entre los adventistas. Si bien los pioneros podían aceptar que el mismo Espíritu Santo que inspiro a los autores bíblicos, también inspiró a Ellen White, [10] ellos no se atrevieron a romantizar la autoridad de la Biblia y tampoco la comprometieron. Por supuesto, que la Sra. White tampoco lo hizo, ella definió la naturaleza de su ministerio:

“Recomiendo al amable lector la Palabra de Dios como regla de fe y práctica. Por esa Palabra hemos de ser juzgados. En ella Dios ha prometido dar visiones en los ‘postreros días’, no para tener una nueva norma de fe, sino para consolar a su pueblo y para corregir a los que se apartan de la verdad bíblica.[11]

Canónicos vs no-canónicos

Los adventistas hemos intentado acomodar los desastres que nosotros mismos hemos creado, al aventurarnos con el tema de la autoridad de Ellen White. Con esto se plantea la siguiente cuestión: Si los escritos de White tienen la misma autoridad que los autores bíblicos, ¿Por qué no forman parten del canon para los adventistas? Gerhard Pfandl presenta un argumento, al igual que Jude Lake y Herbert E. Douglass, para salir del atolladero, afirmando que los adventistas creen que la autoridad de Ellen White es la misma que la de los profetas no canónicos.

La diferencia más notable entre los profetas canónicos y no canónicos es que los mensajes inspirados de los no canónicos son condicionales y limitados al tiempo en que fueron dados. Los mensajes de los profetas no canónicos fueron circunstanciales y limitados a su época (cf. Hasher [Josué 10:13; 2 Samuel 1:18]; Natán y Gad [1 Crónicas 21:9; 29:29; 2 Crónicas 9: 29; 29:25]; Ahías [2 Crónicas 9:29; 1 Reyes 11:29; 14:7], entre otros). Lo más notable entre ambos grupos, es que los unos fueron publicados en el canon y los otros se desaparecieron sin dejar rastro.

En el caso de Ellen White, la respuesta debería ser, “hay grados de autoridad y funcionamiento entre sus escritos y la Biblia”. Este es el lugar que la Sra. White y sus contemporáneos le dieron a sus escritos. No los percibieron como “autoritativos” y menos los equiparon como infalibles, en comparación con la Biblia. La idea adecuada es que sus consejos eran la “luz menor”, que tiene como objetivo llevar a los creyentes a la “luz mayor”[12]. Marcando una gran diferencia entre la autoridad de uno y lo otro. “El Señor desea que estudiéis vuestras Biblias. El no ha dado ninguna luz adicional para tomar el lugar de la Palabra” [13].

 

 

Daniel A. Mora, BTh. es el editor para AToday Latinoamérica..

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Referencias 

[1] Michael Campbell, 1919: The Untold Story of Adventism’s Struggle with Fundamentalism (Nampa, ID: Pacific Press, 2019); idem, 1922: The Rise of Adventist Fundamentalism (Nampa, ID: Pacific Press, 2022).

[2] Daniel Gagnon, No Todo el que Dice: Señor, Señor (–, 2013), p. 15.

[3] James White, A Word to the “Little Flock”, RH, May 30, 1847; ídem, “Notes,” RH, February 14, 1856; ídem, “Do We Discard the Bible by Endorsing Her Visions?,” RH, January 13, 1863; George I. Butler, “The Vision: How They Are Held among Seventh-day Adventists,” RH Supplement, August 14, 1883, 12.

[4] George I. Butler, “Supplement to The Review,” Review and Herald, vol. 60, no. 33, August 14, p.528.

[5] A. C. Long, Comparison of the Early Writings of Mrs. White with Later Publications (Marion, IA: Advent a Sabbath Advocate, 1883).

[6] George I. Butler, “‘Early Writings’ and ‘Suppression’,” RH Supplement, vol. 60, no. 33, August 14, 1883, p. 4.

[7] General Conference of Seventh-day Adventists, Year Book of the Seventh-day Adventists – 1889 (Washington, D.C: Review and Herald Publishing, 1889), p. 147.

[8] Yearbook – 1889, p. 150. Énfasis añadido.

[9] See General Conference of Seventh-day Adventists, Year Book of the Seventh-day Adventists – 1905 (Washington, D.C: Review and Herald Publishing, 1905), p. 190; General Conference of Seventh-day Adventists, Year Book of the Seventh-day Adventists – 1907 (Washington, D.C: Review and Herald Publishing, 1907), p. 177; General Conference of Seventh-day Adventists, Year Book of the Seventh-day Adventists – 1910 (Washington, D.C: Review and Herald Publishing, 1910), p. 226; General Conference of Seventh-day Adventists, Year Book of the Seventh-day Adventists – 1914 (Washington, D.C: Review and Herald Publishing, 1914), p. 295.

[10] Ellen White, Testimonies for the Church, vol. 5 (Mountain View, CA: Pacific Press Publishing Association, 1889), 672, 675; idem, Selected Messages, vol. 1 (Washington, D.C.: Review and Herald Publishing Association, 1958), 27.

[11] Ellen White, Primeros escritos (Mountain View, CA: Pacific Press, 1962), p. 78.

[12] Ellen White to Sanderson, Brother and Sister, Letter 130, 1901 (Silver Spring, MD: Ellen G. White Estate, September 27, 1901); idem, “An open letter from Mrs. E. G. White to all who love the blessed hope,” The Review and Herald, January 20, 1903 par. 9; quoted in ídem, El colportor evangelico (Buenos Aires: ACES, 1999), p. 129.

[13] Ellen White, Mensajes selectos (Doral, FL: IADPA, 2000), t. 3, p. 31.