Por Daniel A. Mora, BTh | 15 de junio, 2022

Lea la primera parte de esta serie aquí.

Las aproximaciones fundamentalistas han sido constantes desde 1919, y este intento de darle una posición elevada a Ellen White, ha sido una movida estratégica de ciertos dirigentes para posicionarse como el “líder que transformará al adventismo” o el “guardián de las doctrinas tradicionales”. Sin embargo, más allá de volver a las raíces del adventismo, se está distorsionando el ministerio de Ellen White, especialmente en regiones como Latinoamérica, donde se hace una aproximación paternalista y se asumen estos escritos desde una inspiración verbal/mecánica. A fin de cuentas, se usan como interpretes infalibles de las Escrituras.

Si la Sra. White dijo: “No pretendo ser profetisa”, es porque conocía la esencia de su obra para el Señor. Deberíamos creerle.

Ellen White durante su ministerio, lidio con el tema de sus escritos y la relación con la autoridad bíblica. El simple hecho de que la IASD votará crear un “Coordinador” de los escritos del “don profético”, habría sido chocante tanto para ella como para los pioneros adventistas. En la noche previa a la apertura del congreso de la Asociación General de 1901, el más importante de la historia adventista que cambio la organización, Ellen White confrontó a los delegados y al liderazgo: “Poned a la Hna. White a un lado. No citéis mis palabras de nuevo en toda vuestra vida hasta que obedezcáis la Biblia Cuando hagáis de la Biblia vuestro alimento, vuestra comida y vuestra bebida, cuando hagáis de sus principios los elementos de vuestro carácter, sabréis mejor cómo recibir el consejo de Dios. Exalto la preciosa Palabra delante de vosotros hoy. No repitáis lo que yo he dicho: ‘La Hna. White ha dicho así’, y ‘La Hna. White ha dicho asá’. Descubrid lo que el Señor de Israel ha dicho, y entonces haced lo que él ordena.”[1]

El comportamiento de Ellen White en 1901, no era nada nuevo. En los años previos a 1888, y durante el propio congreso de la AG en Minneapolis, ella censuró las pretensiones del presidente de la AG, George I. Butler, y de los delegados que esperaban una declaración “inspirada” para zanjar la discusión de la ley en Gálatas, que proponían Waggoner y Jones. “Dios tiene un propósito en esto. Él quiere que vayamos a la Biblia y obtengamos la evidencia de las Escrituras”. Esta misma actitud la repitió en el congreso de la AG de 1909, el último congreso al que asistió, y cuyo discurso fue titulado en el Boletín de la AG como “Una Conmovedora Despedida”. Al regresar a su asiento, después de terminar su discurso, se volvió y tomo la Biblia que había usado durante su sermón, y dijo: “Hermanos y hermanas, os recomiendo este Libro”.[2] ¡Esas fueron sus últimas palabras ante un congreso de la AG!

Así que, ningún pionero adventista en su sano juicio, se le hubiera ocurrido siquiera recomendar una “Declaración de confianza en los escritos del don de profecía”. Y menos votarlo como se ha hecho en congresos contemporáneos de la AG. Por supuesto, que tampoco sería tolerante para Ellen White, que no se creyó libre de errores y que declaro: “Acerca de la infalibilidad, nunca pretendí tenerla. Sólo Dios es infalible. Su palabra es verdad y en él no hay cambio ni sombra de variación”.

“Nunca pretendí ser una profetisa”

¿Sería esto socavar su inspiración como mensajera del Señor? ¡Por supuesto que no! Ellen White nunca se vio a sí misma como un profeta, en el sentido estricto de la palabra. El 2 de octubre de 1905, ante una audiencia de 2.500 personas en el Tabernáculo de Battle Creek, Ellen sorprendió a los asistentes, entre los cuales habían asistido algunos ciudadanos, ella dijo: “No soy, como dije ayer, una profetisa. No pretendo ser una líder; pretendo ser simplemente una mensajera de Dios, y solo eso he pretendido”. Estas declaraciones, causaron expectación, de hecho varios periódicos locales publicaron noticias alusivas, al hecho de que Ellen White confesó no ser una profeta, tal como los adventistas la consideraban.

Ante los cuestionamientos y preguntas de sus declaraciones, Ellen escribió un artículo en la Review and Herald, titulado “Una mensajera” e impreso el 26 de julio de 1906. Allí, ella exploró la esencia de su ministerio y por qué hizo la declaración de que ella no pretendía ser una profetisa. Su definición de su labor era la “una mensajera”, tal como el Señor la apartó para esa labor:

“‘Tu trabajo es cumplir mi Palabra… te aparté para llevar el mensaje a los descarriados, para llevar la Palabra ante los incrédulos, y con pluma y voz para reprobar con la Palabra las acciones que no son rectas. Exhortar desde la Palabra. Haré que mi Palabra se abra para ti”.

Las Escrituras eran las líneas trazadas para limitar o contener los mensajes de Ellen White, y no al revés. Sus escritos debían ser juzgados a la luz de las Escrituras, dándole primacía al texto bíblico: “El Espíritu no fue dado—ni puede jamás ser otorgado—para invalidar la Biblia; pues las Escrituras declaran explícitamente que la Palabra de Dios es la regla por la cual toda enseñanza y toda manifestación religiosa debe ser probada”.

El ministerio de White no se limitó a los reproches privados a miembros o líderes, como se termina resaltando en la actualidad, con la famosa frase: “La Hna. White dice que no se puede”. Que evidentemente están fuera de tiempo, lugar y contexto. Más allá de esto, su deseo realmente era que las personas no solo crean en la verdad, sino que la practiquen, “significa santificación, y santificación significa el cultivo y entrenamiento de toda capacidad para el servicio del Señor”.

Además, Ellen White se dedicó a resaltar la importancia del cuidado de la salud, con una alimentación saludable, el cuidado de la salud mental, la templanza en evitar los excesos que afecten al cerebro y el cuerpo. Y abordó en su época los abusos y maltratos religiosos, incluso dentro de la organización adventista:

“Se me encargó que no descuidara ni pasara por alto a los que estaban siendo maltratados. Se me encomendó especialmente que protestara contra cualquier acción autoritaria o abusiva hacia los ministros del evangelio por parte de quienes están en cargos administrativos…debo abogar por la justicia. Debo presentar la necesidad de mantener la justicia y la equidad en todas nuestras instituciones”.

También, Ellen White se enfocó en las necesidades sociales de su época, tal como la atención a los pobres, el cuidado y protección a los niños huérfanos: “se me instruyó que debía mostrar un interés especial en los niños huérfanos de madre y de padre, tomando algunos bajo mi propio cuidado por un tiempo y luego encontrando hogares para ellos. Así estaría dando a otros un ejemplo de lo que podrían hacer”. A fin de cuentas, los primeros adventistas eran apasionados reformadores sociales, abolicionistas y en el caso de la Sra. White, impulsora de los derechos de las mujeres (de hecho, ella apoyó al movimiento feminista más grande de su época, la Unión Pro Temperancia de Mujeres Cristianas).

¿Somos parte del pueblo de Dios?

Durante el congreso de la AG 2022, se lanzó el proyecto de entregar decenas de millones de copias del Conflicto de los siglos, en diferentes idiomas. En mi niñez, adolescencia y juventud he leído y revisado ese libro (al igual que los casi 80 libros de Ellen White que mi papa, un pastor consumado en la causa adventista, tiene en su biblioteca personal). No esta demás decir, que White se explayo en resaltar la Biblia y el poder del Espíritu Santo para impresionar la mente de los creyentes. Que Dios y el sacrificio de Jesucristo sean resaltados por encima de todo. Así fue como ella escribió la introducción del Conflicto de los siglos. Sin embargo, hay una frase lapidaria casi finalizando su libro y en la que ella se atreve a identificar al pueblo de los últimos tiempos:

Pero Dios tendrá en la tierra un pueblo que sostendrá la Biblia y la Biblia sola, como piedra de toque de todas las doctrinas y base de todas las reformas. Ni las opiniones de los sabios, ni las deducciones de la ciencia, ni los credos o decisiones de concilios tan numerosos y discordantes como lo son las iglesias que representan, ni la voz de las mayorías, nada de esto, ni en conjunto ni en parte, debe ser considerado como evidencia en favor o en contra de cualquier punto de fe religiosa. Antes de aceptar cualquier doctrina o precepto debemos cerciorarnos de si los autoriza un categórico ‘Así dice Jehová’”.[3]

Aunque Ellen White afirmó este principio de la supremacía de la Biblia, algunos que deberían aferrarse a la Biblia y solo a la Biblia, ahora se aferran a Sola Ellen White, Tota Ellen White y Prima Ellen White. ¿Realmente estamos identificándonos con ese pueblo del tiempo del fin? Si nuestras creencias como adventistas son bíblicas, ¿por qué mostramos una dependencia exclusiva en los escritos de Ellen White, al punto de hacerla el medio para “elevar” las Escrituras?

Conclusión

La posición de Ellen White es clara, aun dentro del conflicto cósmico. Sus escritos están por debajo de las Escrituras y solos tienen la intención de exaltar la Biblia, no convertirse en amuletos perpetuamente. El propósito de su ministerio, era que los adventistas terminaran espaciándose en la Biblia. Mientras ellos sean fieles a las Escrituras, los Testimonios pasan a un segundo plano. En el tiempo del fin, los hijos de Dios son aquellos que “sostendrá la Biblia y solo la Biblia”, no la “Biblia y los Testimonios”. La salvación solo está en Jesús y las Escrituras son suficientes para darnos el conocimiento esencial que nos permita unirnos a Él.

Como adventistas deberíamos resaltar los elementos enfocados en la redención del humano que Ellen White desarrollo durante su ministerio, en vez de estar buscando citas aisladas para condenar a las personas. Las realidades y necesidades de la sociedad que nos rodea, deberían ser el punto prioritario a la hora de usar los escritos de Ellen White.

 

Daniel A. Mora, BTh. es el editor para AToday Latinoamérica..

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[1] Ellen White, Mensajes selectos, t. 3, p. 35.

[2] “A Touching Farewell,” General Conference Bulletin, vol. 6, no. 21, June 7, 1909, p. 378.

[3] Ellen White, El conflicto de los siglos (Miami, FL: APIA, 2007), p. 581. Énfasis añadido.