Por Loren Seibold  |  9 enero 2018  |  Translated from English  |  

“Todos sufrimos en la historia, pero los paranoicos sufren el doble, ya que no solo son afligidos por el mundo real, como el resto de nosotros, sino también por sus fantasías”.
Richard Hofstadter, “The Paranoid Style in American Politics” [El estilo paranoico en la política norteamericana]


No hace mucho tiempo atrás resurgió un rumor que me ha hecho reír a lo largo de los años debido a su evidente ridiculez: un usuario de Facebook decidió exponerme como un infiltrado jesuita en la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Y no solo a mí, yo solo soy un peón en un complot de espías jesuitas que se han introducido engañosamente dentro del liderazgo de la iglesia, hasta incluso los puestos más elevados en la sede de la Asociación General en Silver Spring.

Las historias de mis nefastas conexiones surgieron por primera vez cuando escribí un artículo llamado “Letting Roman Catholics Off the Hook,” [Quitándole la responsabilidad a la Iglesia Católica], publicada en la revista Adventist Today en invierno de 2010. En ese artículo argumenté que, considerando que han pasado más de 100 años desde que Elena de White identificó por primera vez al Catolicismo Romano como el enemigo del tiempo del fin y que muchos otros enemigos (el comunismo, el facismo, el islam extremista, por nombrar algunos) han provocado mucho más daño a los cristianos en ese tiempo que el Catolicismo romano, deberíamos pensar en aplicar los principios que definen a la bestia de Apocalipsis 13 –un poder que usurpa la libertad religiosa mediante la persecución- a todos los poderes tiránicos en vez de enfocarnos solo en el papado. Tal vez, sugerí, eso nos empujaría a una postura profética contra todos los tiranos, en vez de gastar nuestras energías analizando minuciosamente un solo posible enemigo. No tenía interés en abrazar el Catolicismo Romano, afirmar su doctrina o negar los males en esta enorme organización (como los hay en todas las organizaciones), sino en re-enfocar a los adventistas en una verdad presente más amplia.

Muchos entendieron lo que deseaba transmitir. Pero unos pocos vieron algo más siniestro: un complot jesuita.

¡Oh, esos jesuitas!

Los jesuitas han sido demonizados durante mucho tiempo, comenzando siglos antes de que aparecieran los adventistas del séptimo día. La acusación de que son manipuladores tiene su base en los hechos: ellos eran una orden de eruditos prósperos, inteligentes y sofisticados que durante sus cinco siglos de historia se han movido entre las élites como agentes para el Papa. Pero, en la actualidad, la orden, junto con la mayoría de las órdenes católicas, está decayendo. Por cada miembro que ingresa dos mueren o dejan la orden, y la edad promedio de sus miembros se encuentra cerca de los 60 años.

Las acusaciones levantadas contra los jesuitas han sido en ocasiones curiosamente creativas. Tomen, por ejemplo, el Voto Jesuita, que se asegura que es auténtico porque en una ocasión fue ingresado al Registro Congregacional de los EEUU:

“Prometo y declaro que, cuando se presente la oportunidad, haré y promocionaré una guerra sin descanso, secretamente y abiertamente, contra todos los herejes, protestantes y masones tal y como he sido encomendado a hacer, para extirparles de la faz de la Tierra; y que no repararé en edad, sexo o condición, y colgaré, quemaré, flagelaré, estrangularé y enterraré vivos a estos herejes infames. Les arrancaré los estómagos y vientres de sus mujeres y aplastaré las cabezas de sus hijos contra los muros para aniquilar a su execrable raza”.

El voto continua con el mismo tono sádico por varios párrafos más.

Esa obra de ficción se remonta al siglo XVI, a un falsificador anticatólico llamado Robert Ware. Fue, de hecho, citada durante una elección para el Congreso de los EEUU a principios del siglo XX, en la cual uno de los candidatos era católico romano (en ese tiempo se lo llamaba “el juramento de los Caballeros de Colón”). El juramento fue desautorizado por ambos partidos políticos y fue ingresado al registro congregacional solo para identificarlo como falso. No obstante, aún es citado, usualmente por las mismas personas que creen que Los Protocolos de los Sabios de Sión son algo real.

Sin embargo, la idea más graciosa es creer que los jesuitas no tienen nada mejor que hacer que pasar el tiempo en las oficinas denominacionales de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. La especulación acerca de la infiltración jesuita es como heroína para un par de oídos curiosos: hay algo tenebroso y encubierto acerca de esto, algo misterioso e intrigante, y ellos están dispuestos a creerlo sin ninguna prueba en absoluto.

He estado cerca de líderes denominacionales la mayoría de mi carrera y conozco a muchas de estas personas. Puedo asegurar que ellos tienen muy pocos secretos que llamarían la atención siquiera del jesuita más entrometido.

Y acerca de la idea de que los jesuitas desean destruirnos desde adentro, so difícilmente sea necesario: en tanto continuemos hablando acerca de los católicos en vez de acerca de Jesús, ellos no tendrán nada de lo que preocuparse.

Mis conexiones jesuitas

Después de que mi artículo fuera publicado en Adventist Today en 2010, hubo una explosión de especulación jesuita. Una pareja que se identificó como Rich y Joyce Weber me escribió esto: “¡La primera guerra mundial, la segunda guerra mundial, Corea, Vietnam, y una multitud de otras guerras y revoluciones son la obra de la Nueva Orden Mundial Papal Jesuita! Irak, Afganistán son parte de la CRUZADA FINAL de Roma y pronto Irán y otros países musulmanes serán atacados; lean Daniel 11:40-45.Roma no ha abandonado la tortura, en este mismo momento miles se encuentran en prisiones  y celdas en monasterios siendo torturados con la más horrible crueldad satánica!

Rich y Joyce, Dios los bendiga. Pienso que ustedes realmente creen eso, pero estaría sorprendido si pudieran mostrar aunque sea una pizca de evidencia real de que miles están siendo torturados por órdenes religiosas católicas romanas o que los jesuitas han orquestado todas las grandes guerras. Creo que ustedes me responderían refiriéndome a otras personas que han escrito estas cosas y que tampoco tiene ninguna prueba. Su creencia en esto está basada en la fe. Prefiero depositar mi fe confiando en que el poder de Dios nos cuidará hasta el tiempo del fin.

Un conspiracionista de Australia escribió en un comentario en Facebook: “¡Loren Seibold debe ser el jesuita favorito del Papa!”

Mi esposa y mi familia se sorprendieron al escuchar esto. Ellos estaban asombrados de lo bien que lo he estado escondiendo, dado que me conocen como un adventista de cuarta generación que ha trabajado para la iglesia por casi 40 años sin ninguna ausencia extendida para ser adoctrinado en un fe de la que conozco muy poco y  cuyas creencias distintivas he contradicho constantemente en mis sermones. (Mi esposa se pregunta por qué si es que soy el favorito del Santo Padre, he tenido que aguantar algunas de la cosas que los pastores tienen que aguantar cuando me podría haber retirado a algunas de las villas rurales que el Vaticano tiene en la Toscana. Ella piensa que por haber aguantado todas esas cosas a mi lado la hubieran dejado acompañarme.)

Alguien con el nombre de Brenden Connelly escribió preguntándome: “¿Eres un jesuita secreto?”

No puede ser mucho secreto si Brenden lo descubrió, aunque disfruto de la ironía de que un hombre de apellido irlandés me pida que exponga mi vida papista secreta, ya que Irlanda es un país netamente católico. Pero para que conste, la respuesta es no, yo no soy un jesuita secreto ni de ningún tipo.

Recibí un email de una joven que estaba titulado “TU ERES UN JESUITA Y NO UN ADVENTISTAS –SÁCATE LA MÁSCARA”.

Oh, querida.

Años atrás, cuando estaba estudiando en el seminario, alguien compartía escritos de una mujer que afirmaba ser la sucesora de Elena de White. Entre sus mensajes (la mayoría de los cuales eran típicas lamentaciones adventistas), ella escribió que los líderes de la Asociación General habían sido envenenados en comidas a la canasta realizadas en la iglesia y luego fueron llevados al hospital para ser reemplazados por jesuitas quirúrgicamente operados para ser iguales.

(Recuerdo especialmente ese detalle acerca de ser envenenado en comidas a la canasta en las iglesias, creo que he estado en comidas así).

Aun así, me parece improbable. ¿Por qué los jesuitas se tomarían tantas molestias? Así como la mayoría de los pecados que evitaran que las personas vayan al cielo serán el resultado de tentaciones comunes en vez de espectaculares manifestaciones demoníacas, así también Satanás puede hacer caer nuestra denominación sin todo el problema de tener que hacer que algunas sacerdotes usen permanentemente la cara del presidente de la Asociación General de ese tiempo, Neil Wilson.

No sé cómo podría convencer a esta joven sin tener que dejarla examinar mi cara por sí misma. Sin embargo, presenta esta evidencia en contra: si tuviera que usar la cara de otra persona hubiera elegido a alguien más atractivo.

Muestra evidencia o cállate

Por décadas acusaciones de este tipo han circulado en la iglesia, no solo por nuestros enemigos sino por adventistas mismos. “Ministerios” completo se han construidos sobre ellos. Y, sorprendentemente, aunque ni una pizca de evidencia ha sido aducida en su favor, no parece haber un cese, pues son tan populares como siempre.

Por lo tanto, aquí presento un desafío para algunos de ustedes, queridos hermanos y hermanas en esta denominación. Por años los he escuchado hablar acerca de infiltrados jesuitas en la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Todo los que les pido es presentar un solo caso real y comprobable. Solo uno. Dado que ustedes repiten constantemente esta acusación, seguramente deben tener evidencia sobre al menos un líder contemporáneo de la iglesia al que pueden exponer públicamente y de esa manera proporcionar evidencia irrefutable que alguien en una posición elevada en nuestra denominación ha sido ubicado allí por la orden jesuita y trabaja en favor del Vaticano.

Y no me refiero a personas cuyas decisiones directivas o cuyas interpretaciones de la doctrina adventistas no concuerdas, de modo que arrojas esta acusación a ellos como un mono con un puñado de estiércol. No podemos aceptar como evidencia el libro de historietas de Jack Chick acerca del “Padre” Alberto Rivera, que ha sido minuciosamente refutado. Tampoco será suficiente citar a Colin Standish que ha puesto estas especulaciones en papel, ni al “científico mundialmente renombrado” Walter Veith. Ellos tampoco tienen pruebas. Ni tampoco “escuché que esto le pasó a un amigo de un sobrino de un primo segundo del abuelo de un tipo con el que solía trabajar cuyo nombre no recuerdo”. O “algo que pasó en 1957”.

Muestra evidencia o cállate. Presenta pruebas actuales y claras ante nuestras líderes eclesiásticos. Si tienes evidencias yo no solo las imprimiré en Adventist Today, sino que personalmente defenderé tu caso ante mis amigos en cargos denominacionales hasta llegar a la Asociación General.

Y si tu no puedes, entonces sigue el consejo de Éxodo 23:1 “No admitirás falso rumor”. Estas acusaciones absurdas no están fortaleciendo nuestra obra sino que convierten a la Iglesia Adventista del Séptimo Día en un objeto de burla.

Y tampoco te harán parecer muy inteligente.


Loren Seibold es pastor y se desempeña como el Editor en jefe de Adventist Today.

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