Hace poco me encontré con unos sorprendentes comentarios de Ellen White sobre “la última generación”, en el capítulo 47 titulado “Josué y el ángel”, en Profetas y reyes. Al reflexionar sobre el capítulo, me sorprendió, pero me animó, la claridad con la que Ellen White presenta el caso de un pueblo pecador ante Dios en los últimos días, aunque seguro bajo la sangre expiatoria de Jesús.

A continuación, resumo algunos de los puntos clave. (Las cursivas en las citas son añadidas por mí).

¿La última generación perfecta?

En primer lugar, sospecho que la idea de una “generación final [perfecta]” (también conocida como Teología de la Última Generación) nunca se habría puesto de moda si algún alma consciente no hubiera aislado una cita de Palabras de vida del gran Maestro, del resto de los escritos de Ellen White:

Cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada”. Cristo espera con un deseo anhelante la manifestación de sí mismo en su iglesia. Cuando el carácter de Cristo sea perfectamente reproducido en su pueblo, entonces vendrá él para reclamarlos como suyos. – PVGM, 47.

He llegado a la conclusión de que Ellen White debe haber visto esta cita en un sentido colectivo y no individualista. En otras palabras, Cristo quiere que su iglesia, el “cuerpo de Cristo” colectivo, refleje perfectamente su carácter, haciendo lo que Cristo hizo para atender a los “más pequeños” de los hijos de Dios (cf. Mt. 25:40). Interpretarlo en un sentido individualista con matices de salvación no sólo impone una carga imposible a las almas sensibles, sino que también pasa por alto elementos clave de la interpretación de Ellen White, tanto en Palabras de vida del gran Maestro como en Profetas y reyes.

El resto de la historia

Pero ahora permítanme presentarles una declaración notable que encontré hace años (fue cuando preparaba el material para la serie Sinaí-Gólgota que se publicó en la Adventist Review [1981-1982]). El capítulo de Profetas y reyes titulado “Josué y el ángel” se basa en Zacarías 3:1-5, que describe los ataques de Satanás contra el sumo sacerdote Josué. Permítanme compartir primero el pasaje completo de Zacarías:

Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle.  Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es este un tizón arrebatado del incendio?  Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel.  Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala.  Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie. (R60)

En la narración que interpreta este pasaje, Ellen White hizo este sorprendente comentario:

Sin embargo, aunque los seguidores de Cristo han pecado, no se han entregado al dominio de los agentes satánicos. Se han arrepentido de sus pecados, han buscado al Señor con humildad y contrición, y el Abogado divino intercede en su favor. El que más fue ultrajado por su ingratitud, el que conoce sus pecados y también su arrepentimiento, declara: “¡Jehová te reprenda, oh Satán! Yo di mi vida por estas almas. Sus nombres están esculpidos en las palmas de mis manos. Pueden tener imperfecciones de carácter, pueden haber fracasado en sus esfuerzos; pero se han arrepentido y las he perdonado y aceptado” (PR, 432).

Pero esta es la frase sorprendente en su interpretación de Zacarías 3:

La visión de Zacarías con referencia a Josué y el Ángel se aplica con fuerza especial a la experiencia del pueblo de Dios durante las escenas finales del gran día de expiación (PR, 431).

¡En otras palabras, esta es la visión de un pueblo defectuoso es una visión de la “última generación”!

La defectuosa última generación

Debemos hacernos la pregunta: ¿Qué clase de personas son las que se encuentran ante Dios (¡y ante Satanás!) en el gran día de la expiación?

Aquí hay varios extractos de Profetas y Reyes que indican muy claramente que estas no son personas que están de pie en la perfección sin pecado ante Dios. ¡No! Josué estaba “vestido con ropas sucias” (Zac. 3:1). Así era su pueblo:

  • “[Él] No sostiene que Israel esté libre de culpas. En sus andrajos sucios, que simbolizan los pecados del pueblo, que él lleva como su representante, está delante del Ángel, confesando su culpa, aunque señalando su arrepentimiento y humillación y fiando en la misericordia de un Redentor que perdona el pecado. Con fe se aferra a las promesas de Dios.” (PR, 428).
  • A causa de sus pecados, había sido casi consumido en la llama encendida por Satanás y sus agentes para destruirlo.” (PR, 428).
  • “Las acusaciones de Satanás contra aquellos que buscan al Señor no son provocadas por el desagrado que le causen sus pecados. El carácter deficiente de ellos le causa regocijo.” (PR, 430).
  • “El hombre no puede por sí mismo hacer frente a estas acusaciones del enemigo. Con sus ropas manchadas de pecado, confiesa su culpabilidad delante de Dios” (PR, 430).
  • “Como Josué intercedía delante del Ángel, la iglesia remanente, con corazón quebrantado y ardorosa fe, suplicará perdón y liberación por medio de Jesús su Abogado. Sus miembros serán completamente conscientes del carácter pecaminoso de sus vidas, verán su debilidad e indignidad, y mientras se miren a sí mismos, estarán por desesperar”. (PR, 431).
  • “El tentador estará listo para acusarlos, como estaba listo para resistir a Josué. Señalará sus vestiduras sucias, su carácter deficiente. Presentará su debilidad e insensatez, su pecado de ingratitud, cuán poco semejantes a Cristo son, lo cual ha deshonrado a su Redentor. Se esforzará por espantar a las almas con el pensamiento de que su caso es desesperado, de que nunca se podrá lavar la mancha de su contaminación. Esperará destruir de tal manera su fe que se entreguen a sus tentaciones y se desvíen de su fidelidad a Dios.” (PR, 432).
  • Sin embargo, aunque los seguidores de Cristo han pecado, no se han entregado al dominio de los agentes satánicos. Se han arrepentido de sus pecados, han buscado al Señor con humildad y contrición, y el Abogado divino intercede en su favor. El que más fue ultrajado por su ingratitud, el que conoce sus pecados y también su arrepentimiento, declara: “¡Jehová te reprenda, oh Satán! Yo di mi vida por estas almas. Sus nombres están esculpidos en las palmas de mis manos. Pueden tener imperfecciones de carácter, pueden haber fracasado en sus esfuerzos; pero se han arrepentido y las he perdonado y aceptado” (PR, 432).

La imperfección

Esa última cita brilla como una luz de faro, porque Cristo mismo declara al tribunal que su pueblo “puede tener imperfecciones de carácter”. El pueblo de Dios puede presentarse con confianza ante el tribunal, no por su perfección sin pecado, sino porque sus vidas están escondidas en Cristo.

Cuando comparamos el texto de Palabras de vida del gran Maestro con los párrafos de Profetas y reyes, lógicamente debemos dar al pasaje PVGM una interpretación colectiva, pues Josué y sus compañeros como individuos tienen “imperfecciones de carácter”.

Estos santos imperfectos se refugian en sus ropas “limpias”, que son símbolo de su total confianza en la gracia de Cristo.

Por lo tanto, podemos concluir que, si hay una “generación final”, es una generación que confía únicamente en la gracia de Cristo.

Y todos los adventistas abatidos gritaran “¡Amén!”.

Alden Thompson es profesor emérito de estudios bíblicos en la Universidad de Walla Walla. Su libro clásico Inspiration is available on Amazon.

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