Denis Fortin | 12 de julio del 2022 |

Lea la segunda parte de esta serie aquí.

Este documento fue escrito por Denis Fortin y es el discurso presidencial que se presentó en la Sociedad Adventista de Estudios Religiosos (ASRS) en San Diego, California, el 21 de noviembre de 2019. Publicado en Spectrum. Usado con permiso.

Estaban en la mirada de todos.

Al menos esa es mi impresión después de leer la transcripción de la Conferencia Bíblica de 1919. A. G. Daniells, presidente de la Asociación General, y W. W. Prescott, Secretario de campo de la Asociación General, pueden haber sido bastante francos y sinceros en los comentarios que hicieron, pero creo que hubo cierta incertidumbre en sus respuestas. No fueron tan abiertos y francos como creo que podrían haber sido o incluso hubieran querido serlo.

Sabían que algunos de sus colegas en la sala, líderes de la iglesia, profesores de historia y Biblia en los colegios adventistas del séptimo día en Norteamérica, eran inflexibles en sus puntos de vista sobre algunas enseñanzas adventistas tradicionales, y tenían una visión verbal de la inspiración. Eran lo que podríamos llamar adecuadamente como fundamentalistas. También consideraban los escritos de Ellen White como inerrantes e infalibles en todas las cuestiones de enseñanza, ya fuera la interpretación bíblica, los hechos históricos o la información sobre salud y ciencia. Su lectura de los escritos inspirados tendía a ser simple y literalista: tomar la Biblia y los escritos de Ellen White tal y como se leen, sin tener apenas en cuenta el contexto, la cultura o la historia, ni mucho menos las propias suposiciones interpretativas.

El encuentro, duró seis semanas, y en su cuarta semana se analizó un tema crucial.[1] El objetivo principal de la reunión había sido proporcionar tiempo para la reflexión y el debate sobre temas difíciles y puntos de interpretación a los que se enfrentaban los profesores en sus disciplinas interrelacionadas. Se enfrentaban a retos difíciles. Su propio estudio y los nuevos descubrimientos y publicaciones en los campos de la interpretación bíblica y la historia estaban cuestionando algunos de los detalles de la interpretación profética en las enseñanzas y doctrinas adventistas. La nueva información y los nuevos conocimientos cuestionaban la exactitud de los hechos bíblicos e históricos y las cronologías que los adventistas habían utilizado para reforzar sus interpretaciones de las profecías. Los calendarios proféticos se cuestionaban ahora tranquilamente o, en todo caso, carecían de la certeza necesaria para el fervor evangelizador que convenciera a los nuevos conversos.

En consecuencia, también se discutieron los escritos de Ellen White. Ella había escrito numerosos libros y artículos temas bíblicos e historia bíblica y cristiana. ¿Cómo debían utilizarse sus escritos en cuestiones de hechos bíblicos e históricos? ¿Eran sus escritos inspirados la espada necesaria para cortar los nudos gordianos de sus complejos desafíos? Muchos maestros y evangelistas usaron sus escritos para resolver cuestiones de exactitud histórica e interpretación bíblica. En esto, asumieron una posición igual a la de los mormones, que consideraban que los escritos de su profeta sustituían a la Biblia. Su visión de la inspiración daba una autoridad jerárquica a los escritos de Ellen White. La posición adventista, apoyada por Ellen White, de que no hay ningún grado de inspiración entre los profetas canónicos y los no canónicos -un profeta o está inspirado por el Espíritu Santo o no lo está- favorecía una predisposición hacia la inerrancia e infalibilidad de todos los escritos inspirados.

Pero había algunos asistentes en la sala de esta Conferencia Bíblica que sabían que no debían atribuir inerrancia e infalibilidad a los escritos de Ellen White. El problema, sin embargo, con esta opinión es que, si uno dijera que los escritos de Ellen White no son infalibles o inerrantes, ¿qué implica esto para la Biblia? Sostener el punto de vista de que no hay grados de inspiración entre los profetas canónicos y los no canónicos planteaba inevitablemente esta comparación y la consiguiente conclusión. Si uno no es inerrante o infalible, entonces tampoco lo es el otro. Como el fundamentalismo evangélico trató de organizar una resistencia a las incursiones de la erudición bíblica crítica moderna, para los adventistas del séptimo día cuestionar la inerrancia e infalibilidad de los escritos de Ellen White equivalía a ponerse del lado de las metodologías críticas modernas. Así, casi inevitablemente, los maestros y evangelistas adventistas del séptimo día no tenían otra opción moral y religiosa que aliarse con la perspectiva fundamentalista evangélica. ¿Qué otras cosas podían hacer?

¿Hasta qué punto fue honesta esta postura?

Daniells y Prescott sabían mucho más de lo que estaban dispuestos a compartir. Pero lo que compartieron con los asistentes fue demoledor y desconcertante para aquellos que ya se inclinaban hacia el fundamentalismo. Y a medida que la Conferencia Bíblica avanzaba y discutía algunos de estos temas, se filtraron rumores y revelaciones internas de las discusiones a los miembros y líderes de la iglesia. Era evidente que existía una atmósfera de sospecha, lo que también generaba dudas a la hora de compartir más.

Daniells y Prescott habían visto de primera mano cómo se preparaban los libros de Ellen White y no podían defender su inerrancia e infalibilidad. La educación de los miembros de la iglesia sobre los escritos de Ellen White, o más exactamente la falta de educación, era un punto importante de preocupación. Muchos de los hechos históricos sobre su inspiración, cómo se prepararon sus escritos y su propósito no habían sido presentados de forma clara y honesta a los miembros de la iglesia. Esto, a su vez, había conducido a una visión errónea de su inspiración y del propósito de sus escritos.

El 30 de julio de 1919, los asistentes celebraron una sesión especial para discutir con A. G. Daniells el uso de los escritos de Ellen White en la enseñanza de la Biblia y la historia. Daniells comenzó la conversación con los asistentes diciendo: “En primer lugar, quiero reiterar lo que declaré en la charla que di hace algunas noches sobre este tema, que no quiero decir una sola palabra que destruya la confianza en este don [de profecía; es decir, los escritos de Ellen White] a este pueblo. No quiero crear dudas. No quiero degradar en modo alguno el valor de los escritos del espíritu de profecía”.[2]

Pero había que decir algunas cosas sobre los escritos de Ellen White y los hechos sobre su compilación debían demostrar que sus escritos no eran inerrantes e infalibles, ni pretendían ser la última palabra en cuestiones de interpretación bíblica, historia, ciencia y salud. Sin embargo, Daniells era muy consciente de que para algunos miembros de la iglesia conocer esta información podría suponer una pérdida de fe y sabía que entonces podría ser tachado de incrédulo hacia el ministerio de Ellen White. No obstante, asumió el riesgo y habló de cómo se habían preparado algunos libros de Ellen White para ilustrar que ella no era inerrante ni infalible, y que sus libros no debían ser la última palabra en cuestiones de interpretación o historia.

Como fueron preparados realmente los libros de Ellen White 

En primer lugar, su libro Sketches from the Life of Paul [Los hechos de los apóstoles (1911)], publicado en 1883. Poco después de su publicación, el libro fue criticado por su gran similitud de la obra de Conybeare y Howson: The Life and Epistles of the Apostle Paul (1855). Capítulos enteros de su libro seguían la misma secuencia de acontecimientos o comentarios que los de Conybeare y Howson. Muchos párrafos y frases eran casi idénticos. El nivel de dependencia fue un shock para muchos lectores. Por supuesto, Ellen White no había tenido la intención de engañar a nadie: había recomendado el libro de Conybeare y Howson “como un libro de gran mérito, y de excepcional utilidad para el estudiante serio de la historia del Nuevo Testamento”.[3] Pero había habido rumores de una demanda por plagio. Para Daniells, este libro y la forma en que había sido preparado le demostraban que la inspiración de Ellen White no era una inspiración verbal, sino más bien una inspiración a nivel de guía única de lo que debía seleccionar de otro autor para utilizarlo como comentario espiritual sobre las historias bíblicas de la vida de Pablo. El libro de Conybeare y Howson era una obra de cuidadosa erudición -pero no el libro de Ellen White y no debería tomarse como tal, a menos que la gente estuviera dispuesta a afirmar indirectamente que los escritos de Conybeare y Howson estaban de alguna manera inspirados también.[4]

La preparación de El Conflicto de los Siglos también había suscitado los mismos interrogantes. Después de visitar Europa de 1885 a 1887, Ellen White había decidido revisar el volumen 4 del Espíritu de Profecía (publicado en 1884) y convertirlo en un libro aparte. El libro salió a la luz en 1888 con algunos capítulos adicionales y muchos otros capítulos revisados y/o ampliados. En 1909, las planchas de impresión de la edición de 1888 estaban desgastadas y era necesario rehacerlas. Ellen White decidió revisar el libro de nuevo y pidió a algunos pastores que buscaran nuevas citas de historiadores conocidos para reemplazar las que se encontraban en la edición de 1888. Ella deseaba insertar citas que pudieran encontrarse más fácilmente para apoyar sus afirmaciones históricas e interpretativas. En la introducción de la edición de 1911, explicó este proceso y el propósito de estas citas históricas y su dependencia de ellas. Prescott fue el colega que le proporcionó más revisiones de las citas históricas y recomendaciones para editar la redacción ofensiva (si el libro se iba a ofrecer al público no adventista). Al principio, explicó, no había querido hacer esta investigación para ella porque no podía entender cómo su ayuda podía incorporarse a un libro que decía ser inspirado. Si Ellen White no hizo todo el trabajo en la preparación de un libro, incluyendo las selecciones de otros autores, ¿Cómo podía considerarse ese libro como “inspirado”?

Prescott explicó a los asistentes a la Conferencia Bíblica que había hablado de esto con W. C. White y le dijo: “Esta es mi dificultad. He revisado esto y he sugerido cambios que deberían hacerse para corregir las declaraciones. Estos cambios han sido aceptados. Mi dificultad personal será retener la fe en aquellas cosas que no puedo [sic] tratar sobre esa realidad”. A continuación, Prescott comentó a los asistentes: “Pero no he desechado el espíritu de profecía, ni lo he hecho todavía; pero me toco ajustar mi visión de las cosas”.[5]

Tal como yo lo veo, una parte importante de las preocupaciones y dificultades de Prescott tenía que ver con la inspiración de un libro que ha sido elaborado por personas distintas a Ellen White. Para Prescott, Ellen White no estaba ciertamente inspirada verbalmente. Pero su trabajo en la última edición de El Conflicto de los Siglos también desafió su comprensión de la inspiración de pensamiento. ¿Cómo podía ser siquiera una “inspiración del pensamiento” cuando los pensamientos de Ellen White en un libro no provenían de Dios sino de libros de los que ella seleccionaba materiales, y de un asistente que le proporcionaba citas de otros libros? Si los adventistas han rechazado los grados de inspiración, ¿existen entonces niveles de inspiración? Y, en consecuencia, ¿Cuál es el propósito de los escritos de un profeta que evidentemente tiene un nivel de inspiración aún menos amplio que la inspiración del pensamiento?

Estas fueron preguntas y experiencias difíciles con las que Daniells y Prescott tuvieron que luchar y resolver en sus propias mentes. Su experiencia con Ellen White les llevó a dejar de lado cualquier inclinación hacia la inspiración verbal, pero también en gran medida incluso la inspiración de pensamiento no era un modelo totalmente adecuado.[6]

La preparación del Deseado de Todas las Gentes, mientras Ellen White estaba en Australia fue otro ejemplo de por qué Daniells y Prescott no podían suscribirse a la inspiración verbal. La propia Ellen White había admitido que su ayudante, Marian Davis, era su “preparadora de libros” y la había ayudado a elaborar el manuscrito del libro. Como casi todos los libros de Ellen White, El Deseo de Todas las Gentes era también una compilación y adaptación de escritos anteriores de White combinados con material tomado de otros autores. Marian Davis había realizado gran parte de este trabajo bajo la supervisión de Ellen White. ¿Cómo puede considerarse este libro un modelo de inspiración del pensamiento, dada la enorme participación de Davis en su preparación?

Mi trabajo en la edición del 125º aniversario de El camino a Cristo, publicada en 2017 por Andrews University Press, demostró por primera vez, creo, lo extenso y trascendental que fue el trabajo de Marian Davis en la preparación de los libros de Ellen White. La minuciosa reorganización de párrafos y frases tomados de diversos documentos de los escritos de Ellen White hasta aproximadamente 1890, principalmente artículos de la Review and Herald, Signs of the Times y testimonios publicados en Testimonios para la Iglesia, para crear capítulos temáticos en El Camino a Cristo supuso un cuidadoso trabajo editorial y de recopilación. Un trabajo tan cuidadoso, a veces bastante complejo y elaborado, requería tiempo, muchos esfuerzos y una mente editorial aguda. En la actualidad, el trabajo que Davis realizó en El camino a Cristo, y en todos los demás libros en los que trabajó,[7] sería reconocida o se le daría crédito abiertamente al menos en el prefacio del libro, o su nombre en la portada del libro.[8]

Esta es en parte una de las razones por las que otra asistente de Ellen White, Fannie Bolton, fue despedida de su empleo. Bolton consideraba que se debía reconocer abiertamente a los asistentes de White y su insistencia en ello causó demasiada tensión y malentendidos. Teniendo en cuenta lo que sabemos hoy en día sobre la preparación de los libros de Ellen White, ya deberíamos haber dado este tipo de explicación en el prefacio de cada uno de sus libros desde hace algunas décadas. Aunque El Camino a Cristo se preparó bajo la supervisión y aprobación final de Ellen White, y casi todo el material del contenido se tomó de sus escritos anteriores, el producto final es, en mi opinión, Camino a Cristo tal como Marian Davis entendió el pensamiento de Ellen White sobre este camino a Cristo. ¿Qué modelo de inspiración explica cómo se inspira este libro?[9]

Escondiendo la información

En esta Conferencia Bíblica, celebrada apenas cuatro años después de la muerte de Ellen White, algunos participantes discutieron con franqueza los hechos que conocían sobre la preparación de sus escritos. Sus conclusiones, derivadas de su experiencia y de lo que habían visto en la preparación de sus libros y de lo que habían aportado a sus revisiones, les llevaron a decir que sus libros debían utilizarse como guía devocional y espiritual, para los miembros individuales de la iglesia y para la iglesia en general, pero no como autoridad final o palabra infalible en cuestiones de interpretación bíblica, histórica y científica. Fueron todo lo honestos que pudieron ser sin dar la impresión de que denigraban la utilidad e inspiración de estos escritos. Pero fueron cautelosos porque se exponían a una gran cantidad de críticas si sus honestas opiniones se daban a conocer o se malinterpretaban.

El problema al que se enfrentaban Daniells, Prescott y otros era doble. En primer lugar, si afirmaban que los escritos de Ellen White no debían utilizarse como la última palabra en la interpretación o validación de hechos históricos o científicos controvertidos, se les acusaría de no creer en su inspiración. En 1919, los expositores adventistas casi habían convencido a todos los miembros de que la inspiración de los escritos de Ellen White significaba que eran infalibles e inerrantes. Por lo tanto, debían utilizarse como la última palabra en cuestiones de hechos históricos y científicos controvertidos.

Una segunda parte del problema al que se enfrentaban tenía que ver con la reacción de los miembros al conocer tantos datos y detalles sobre cómo Ellen White preparaba realmente sus libros. Los participantes en la Conferencia Bíblica temían que, si alguno de ellos admitía abiertamente esta información, los miembros en general perderían la fe en sus escritos. Ya Dudley Canright y algunos otros habían revelado una serie de hechos al respecto en sus críticas a los escritos de Ellen White, y Daniells y Prescott no estaban dispuestos a dar ninguna validación pública a ninguna de las acusaciones y revelaciones de Canright, aunque probablemente sabían que tenía razón en algunas de ellas.

También existía un gran temor entre los participantes en la Conferencia de que, si alguno de ellos admitía abiertamente que la interpretación profética adventista hasta el momento podía estar equivocada en algunos aspectos de su interpretación, y que las ideas de Ellen White no debían utilizarse para resolver estas cuestiones, entonces de nuevo los miembros se sentirían decepcionados y perderían la fe. Un sentido muy fuerte de infalibilidad triunfalista dominaba el ethos y la mentalidad adventista en 1919. El mismo estribillo se había utilizado en 1888 con las nuevas interpretaciones de Jones y Waggoner sobre los diez cuernos de Daniel 7 y sobre la identidad de la ley en Gálatas 3: si algunas interpretaciones bíblicas se basaban de algún modo en hechos inexactos y se admitían, entonces la gente podría perder la fe en el mensaje. Por lo tanto, cómo ser honesto y al mismo tiempo edificar la fe era un gran enigma al que todos se enfrentaban.

El 1 de agosto de 1919, G. B. Thompson, que también se desempeñaba como secretario de campo de la Asociación General, declaró tal vez más hábilmente que nadie cuál era el problema,

“Me parece que, si vamos a predicar los Testimonios y establecer la confianza en ellos, no depende de si son inspirados verbalmente o no. Creo que estamos en este aprieto debido a una educación errónea que nuestra gente ha tenido…. Si siempre hubiéramos enseñado la verdad sobre esta cuestión, no tendríamos ningún problema o choque en la denominación ahora. Pero la confusión se debe a que no hemos enseñado la verdad, y hemos puesto los Testimonios en un plano en el que ella dice que no están. Hemos reclamado más para estos libros que ella. Mi pensamiento es que la evidencia de la inspiración de los Testimonios no está en su inspiración verbal, sino en su influencia y poder en la denominación”.[10]

Diría que es una visión bastante reflexiva. Así que la pregunta sigue siendo: Cien años después, ¿qué papel desempeñamos como educadores en la correcta educación de los miembros de nuestra iglesia en relación con estas cuestiones de la inspiración, la preparación de los libros de Ellen White y el papel que deben tener en nuestro legado? Tal vez este sea el tipo de reflexión que deberíamos hacer al conmemorar este centenario. ¿Qué hemos aprendido y de qué manera debemos hacer nuestra labor de enseñanza?

Poco después de terminar la Conferencia Bíblica, se decidió que las transcripciones de las reuniones no se harían públicas. Mucho de lo que se había discutido se consideraba demasiado incendiario y preocupante. Así que las transcripciones se guardaron en una caja en los archivos de la AG y en pocos años se olvidaron. El patrón de ocultamiento sobre el que advirtió Thompson continuaría. En lugar de corregir honestamente la información falsa transmitida sobre la inspiración de Ellen White, la preparación de sus libros, el uso de fuentes secundarias y el amplio papel y la ayuda de sus colegas, los líderes y maestros de la iglesia prefirieron ocultar la información y perpetuar la desinformación y los mitos en desarrollo sobre su inerrancia e infalibilidad, y el papel de sus escritos en cualquier historia y teología adventista del séptimo día en el futuro.

 

 

Denis Fortin es profesor de Teología e Historia en el Seminario Teológico Adventista del Séptimo Día y pastor docente en One Place Fellowship en el campus de la Universidad Andrews en Berrien Springs, Michigan..

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Notas y referencias bibliográficas 

[1] La Conferencia se celebró del 1 de julio al 9 de agosto de 1919 en el Washington Missionary College (ahora Universidad Adventista de Washington) en Takoma Park, Maryland.

[2] Citado en George R. Knight, Ellen White’s Afterlife: Delightful Fictions, Troubling Facts, Enlightening Research (Nampa, ID: Pacific Press Publishing Association, 2019), 127. El tema de conversación del 30 de julio fue “El uso del Espíritu de Profecía en nuestra enseñanza de la Biblia y la Historia.”

[3] Un comentario sobre el libro de Conybeare y Howson apareció en el Signs of the Times, 22 de febrero de 1883, p. 96, con su aprobación: “La Vida de San Pablo de Conybeare y Howson, la considero un libro cautivador de gran mérito, y de excepcional utilidad para el estudiante serio de la historia del Nuevo Testamento”.

[4] Para un análisis de la experiencia de Daniells en la Conferencia Bíblica de 1919 y sus opiniones sobre la inspiración, véase Benjamin McArthur, A. G. Daniells: Shaper of Twentieth-Century Adventism (Nampa, ID: Pacific Press Publishing Association, 2015), 380-407.

[5] Citado en Knight, Ellen White’s Afterlife, p. 168. Para las discusiones de las opiniones de Prescott sobre la inspiración, véase Denis Kaiser, “Trust and Doubt: Perceptions of Divine Inspiration in Seventh-day Adventist History (1880-1930)” (tesis doctoral, Andrews University, 2016), 256-295; Gilbert Valentine, W. W. Prescott: Forgotten Giant of Adventism’s Second Generation (Hagerstown, MD: Review and Herald Publishing Association, 2005), 276-283; y Gilbert M. Valentine, “The Church ‘drifting toward a crisis’: Prescott’s Letter 1915 to William White”, Catalyst, Vol. 2 (noviembre de 2007): 32-94.

[6]Debe observarse que el ahora conocido documento Manuscrito 24, 1886, en el que Ellen White explica su “teoría” de la inspiración del pensamiento, que adaptó de Calvin E. Stowe, Origins and History of the Books of the Bible (1867) [Orígenes e historia de los libros de la Biblia], muy probablemente no era conocido por los asistentes a la Conferencia Bíblica de 1919 y no pudo haber enmarcado su percepción de la inspiración de Ellen White ni de los escritores bíblicos. Este documento se publicó por primera vez en Mensajes selectos, libro 1, en 1958.

[7] Según Robert Olson, Marian Davis preparó diez libros: Spiritual Gifts [El Espíritu de Profecía], vol. 4 (1884), El Conflicto de los siglos (1888), Testimonios para la Iglesia, vol. 5 (1889), Patriarcas y profetas (1890), El camino a Cristo (1892), El discurso Maestro de Jesucristo (1896), El deseado de todas las gentes (1898), Testimonios para la Iglesia, vol. 6 (1900), y El ministerio de la curación (1905). Robert Olson, “Davis, Mary Ann ‘Marian'”, en Denis Fortin y Jerry Moon, editores, The Ellen G. White Encyclopedia (Nampa, ID: Pacific Press Publishing Association, 2013), 362-363.

[8] Véase Denis Fortin, “Historical Introduction”, en Ellen G. White, Steps to Christ, con introducción histórica y notas de Denis Fortin (Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 2017), 1-20.

[9] En la década de 1980, cuando los adventistas volvieron a luchar con los puntos de vista y modelos de inspiración en respuesta a los nuevos descubrimientos de Walter Rae, Ron Numbers y otros, George Rice, entonces profesor de estudios del Nuevo Testamento en el Seminario, publicó un estudio muy útil sobre el modelo de inspiración de Lucas y la composición de su Evangelio. Este modelo habría ayudado, en cierta medida, a Daniells y Prescott en 1919. George E. Rice, Luke, A Plagiarist? (Mountain View, CA: Pacific Press Publishing Association, 1983).

[10] Citado en Knight, Ellen White’s Afterlife, 160. El tema de conversación del 1 de agosto figuraba como “La inspiración del Espíritu de Profecía en relación con la inspiración de la Biblia”. Thompson distingue entre un criterio ontológico objetivo para la inspiración de los escritos de Ellen White (su inspiración verbal) y un criterio funcional subjetivo (su papel y función). Su obituario ofrece más información sobre su vida personal y profesional, Review and Herald, 24 de julio de 1930, p. 28.