por Loren Seibold | 9 de junio de 2022 |

Aunque nunca pensé que la Asociación General (AG) fuera un oráculo (un Urim y Tumim moderno en el que cada voto proyecta los pensamientos de Dios), en mis años de juventud esperaba que en los congresos de la AG pudieran ocurrir cosas importantes, cosas que ayudaran a la iglesia a ser mejor y más receptiva al mundo en el que vivimos.

Pero después de observarlas durante años, ahora creo que estas reuniones logran poco para el reino de Dios. En un tiempo, la Sesión era al menos una afirmación de comunidad, ese encantador sentimiento de amplitud mundial que muchos de nosotros apreciamos. Las banderas internacionales todavía desfilan, pero después de las intrigas entre las Divisiones de 2015, incluso algo de esa calidez ha desaparecido.

Ahora la Asociación General, ya sea en su oficina de Silver Spring o en sesión, parece simplemente mantener una línea centenaria. Mantener la línea no es inspirador ni particularmente motivador. Es imposible para mí saber cómo este evento es recibido por la gente en otras partes del mundo, pero estoy bastante seguro de que ha alejado a muchos en la parte del mundo donde vivo.

Lo que desconocen los hermanos

Esto es lo que los hermanos de la AG (todavía en su mayoría hermanos -una escaza porción de hermanas-) no saben, y ojalá lo supieran: la reunión que pregonan como el evento más significativo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha sido, desde hace demasiados años, una cadena de decepciones.

Quizá los de la iglesia progresista occidental no seamos la mayoría, pero seguimos siendo una parte importante y solidaria de ella. Pero muchos de nosotros ya no esperamos mucho de esta reunión. La Asociación General nos ha demostrado desde hace algunas décadas que prefiere no conversar con nuestra parte de la iglesia. Incluso cuando no pueden impedirlo, desaprueban la flexibilidad, la innovación y la espontaneidad en cualquier término que no sea el suyo.

Incluso cuando actúan, casi siempre es demasiado poco y demasiado tarde. Han convencido a muchos de nosotros de que mantener la vieja línea es todo lo que pueden hacer, por lo que hemos empezado a verlos como irrelevantes.

¿Cómo ha sucedido esto?

Autoridad corrosiva

A muchos de nosotros nos parece que la autoridad y el control -no la comunidad, la comunicación o la fe- se han convertido en los principales valores de la Asociación General.

La denominación pretende ser una especie de democracia, una democracia representativa, decimos. Pero, ¿hasta qué punto es democrática, incluso a través de los representantes? Cuando se reúnen miles de personas que no saben trabajar juntas, con una mayoría sustancial de empleados o familiares de empleados, todo el poder va a los hombres (de nuevo, casi todos “hombres”) con las chequeras, las agendas y los micrófonos.

¿Cuánto trabajo creativo puede realizarse en un entorno así? Sí, hay votaciones y procesos parlamentarios, pero muchos gobiernos no democráticos también tienen eso.

De hecho, los líderes de la Asociación General nos han dicho repetidamente que se ven a sí mismos en términos de autoridad. Sería interesante contar cuántas veces se invoca en esta sesión alguna variación de la declaración de Ellen White de que “la Asociación General es la más alta autoridad de Dios en la tierra”, a pesar de que la reunión está tan controlada que es improbable que incluso el Espíritu Santo pueda meter con calzador un resultado diferente al que los líderes han elaborado. Mark Finley volverá a identificar Hechos 15 como la primera Sesión de la Asociación General, y como la razón por la que Silver Spring debe tener la última palabra sobre lo que los adventistas debemos creer y hacer.

Los directivos de una democracia representativa no deberían intentar sacrificar el buen funcionamiento de una parte importante de la iglesia a los votos de unos pocos delegados. Los buenos líderes tratan de encontrar soluciones en las que todos salgan ganando. No enfrentan a la mitad de la iglesia contra la otra mitad, y descartan a la mitad descontenta por haber sucumbido a “amenaza”, una metáfora que el pastor Ted Wilson ha utilizado para describir a sus críticos.

Lo que no es liderazgo

Hemos tenido líderes de la iglesia dominantes en el pasado. ¿Es el pastor Ted Wilson peor, o simplemente esperábamos un mejor liderazgo en este momento de nuestra historia?

No lo se. Lo que sí sé es que al menos nosotros en la iglesia occidental hemos experimentado un liderazgo manipulador en lugar de cooperativo e interactivo por parte de él. Nos hemos acostumbrado a que el presidente de la iglesia hable ex cathedra, como un papa. (¿Se han dado cuenta de la gran cantidad de publicidad sobre la Sesión de la AG en la que aparece el rostro de Ted Wilson?) Hemos visto a Ted Wilson regañar a distinguidos líderes de la iglesia como si fueran niños pequeños y traviesos, todo porque tomaron una acción que era bíblica, ética y requerida por la Creencia Fundamental #14.

En realidad, en la iglesia occidental hemos aprendido a eclipsar a Ted Wilson para seguir adelante con nuestro trabajo en una cultura dinámica y cambiante que él no entiende.

Mi punto es: esto es lo que sucede cuando elegimos para nuestro liderazgo a un hombre que nunca fue pastor. Ted Wilson ha pasado toda su vida, casi desde su nacimiento, en los salones sagrados del gobierno de la iglesia. No es de extrañar que hable como si lo que ocurre en el 12501 de Old Columbia Pike fuera la iglesia, y los demás fuéramos meros súbditos de su oficina.

Cumplir las expectativas

El primer día de la Sesión fue más o menos lo que esperaba: mostró una iglesia desconectada de la cultura que aborda nociones superadas de eclesialidad.

Un par de delegados bien conocidos por formar parte del círculo íntimo de Ted Wilson intentaron revertir la postura de la iglesia sobre la ordenación de mujeres como ancianas locales. (El líder era Gerard Damsteegt, el esposo de Laurel Damsteegt, cuyo artículo fuertemente anti-mujeres el anciano Wilson insistió en que la Revista Adventista publicara pocos días antes de la Sesión. Véase la crítica de Adventist Today al respecto aquí).

Y entonces el anciano Wilson, cuyo liderazgo ha sido tan singularmente inútil para la iglesia occidental, fue reelegido. Si “reina” hasta 2025, será el segundo presidente que más tiempo ha estado en el cargo en la historia de la iglesia. Tenemos cientos de líderes eclesiásticos sabios y experimentados, pero ¿él es el único al que pudo recurrir el comité de nombramientos?

¿Qué nos espera para el resto de la Sesión? Más de lo mismo. Uno de los puntos del orden del día pide que cada congregación cree un coordinador local para promover “el Espíritu de Profecía”, entendiendo por tal los escritos de Ellen White. No soy, como algunos adventistas, despectivo con Ellen White. La honro como una mujer piadosa, una precursora feminista y una parte vital de nuestra historia. Pero sus escritos no son la Biblia. El hecho de que los hermanos piensen que vale la pena proponer esto para una votación demuestra que han pasado por alto el apasionado deseo de los adventistas del séptimo día de conectarse con Dios sólo a través de las Sagradas Escrituras. (Por no hablar de lo inútil que es añadir otro trabajo a las muchas iglesias pequeñas que ni siquiera pueden encontrar ancianos, maestras de niños o pianistas).

Por lo menos hasta el 2025

Y así durante el resto del mandato de Ted Wilson. El progreso en la ordenación igualitaria de las mujeres será bloqueado. Mientras que los pueblos del mundo sufren guerras, desastres ambientales, enfermedades y hambrunas, entre nosotros una escatología mitológica de leyes dominicales, persecución y extralimitación papal será el mensaje. Seguiremos hablando de que Jesús vendrá “pronto”, aunque no hay ninguna evidencia, bíblica o de otro tipo, que apoye esa urgencia.

Millones -algunos dicen que mil millones- de ejemplares de papel barato del Conflicto de los siglos inundarán los buzones y terminaran rápidamente en el basurero. La iglesia hablará de Jesús en términos de miedo y obediencia en lugar de redención, salvación, gracia y amor. Los jóvenes están desapareciendo más rápido de lo que podemos hacerlos, incluso mientras la vieja guardia se rasca la cabeza y se pregunta por qué. Miles de pequeñas congregaciones, tras haber enterrado a su último partidario canoso y haber visto huir a todos sus hijos, cerrarán sus puertas en la próxima década.

Algunas estructuras eclesiásticas podrían intentar ejercer su independencia. Si se les presiona demasiado, la División Norteamericana (NAD), partes de Europa y Australia/NZ, por no hablar de nuestras universidades e instituciones médicas de categoría mundial, podrían llegar al punto de no poder trabajar más con la Asociación General. ¿Y entonces qué?

Nadie en el estrado de San Luis esta semana parece preocupado por estas cosas, aunque creo que deberían estarlo. Deberían saber que ésta podría ser la semana en la que muchos adventistas de mi parte del mundo abandonen la iglesia por completo.

La Asociación General no es la iglesia

Por eso, en estos últimos años he empezado a pensar que damos a la cúpula de la iglesia demasiada atención, y por tanto demasiado crédito. Es por eso que en Adventist Today no cubrimos la Sesión de la Conferencia General con el tipo de asombro sin aliento como algunos hacen.

Amamos a nuestra iglesia. Pero para nosotros, la iglesia no es la Asociación General. Nuestra iglesia es la gente maravillosa que ama a Jesús, que honra las partes útiles y edificantes de nuestro mensaje, que rinde culto en el hermoso sábado de Dios y anhela el regreso de Jesús (cuando sea y como sea que se desarrollen los acontecimientos); que sobre todo cree en un Dios de gracia y bondad, un Dios que tiende la mano a todas las personas, en todas partes, de toda edad, raza, género y orientación sexual, un Dios que quiere que trabajemos por la justicia, la paz y el alivio del sufrimiento.

Empecé diciendo que los hermanos no parecen entender el lugar de nuestra iglesia en una historia cristiana más amplia. Por favor, no lean esto como que pienso que tienen malas intenciones. El pastor Ted Wilson es un hombre amable con buenas intenciones, y también lo son sus ayudantes. Pero eso no significa que estén haciendo lo correcto. Basta con ver un poco de esta Sesión para ver que estos líderes viven en un mundo diferente al de la iglesia que dirigen. Hay pocos problemas del mundo real que se estén resolviendo en San Luis. La maquinaria de la iglesia está traqueteando en un rincón, sin generar nada que ayude a salvar esta iglesia, y mucho menos el mundo que se supone que estamos iluminando.

Esta semana, por favor, oren por aquellos Adventistas del Séptimo Día que aman su iglesia, pero que honran a Dios más que a una oficina en el 12501 de Old Columbia Pike. Mi deseo es que Adventist Today sea uno de los vehículos para tales personas; que ayudemos a la Iglesia Adventista del Séptimo Día a tomar nuestra hermosa herencia de fe y a usarla en el mundo real para resolver problemas reales. Que no nos limitemos a reaccionar ante la política de la iglesia, sino que actuemos para promover la gracia, la justicia y la bondad de Dios en un mundo roto y herido.

 

Loren Seibold es el Editor Ejecutivo de AToday. Este ensayo fue publicado originalmente en Adventist Today en 2019

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