Por John B. Hoehn | 12 de marzo, 2022 |

Mi abuelo nació en Odessa. No era ucraniano ni ruso, pero muchos alemanes vivían en las colonias alemanas de la época, cultivando las ricas tierras ucranianas. Más tarde, cuando el zar ruso decidió que necesitaba ampliar su ejército, incluso los colonos alemanes empezaron a ser reclutados para servir al oso ruso. Cuando un reclutamiento por sorteo realizado por los rusos estuvo a punto de asignar su número, Christian Hoehn agarró a su joven familia alemana y se marchó de Ucrania a Canadá.

Un año después que terminará la Segunda Guerra Mundial, yo nací de su hijo en Canadá. La mayoría de los hombres canadienses adultos que conocí, habían pasado los 6 años anteriores a mi nacimiento luchando en las colinas, valles y llanuras de Europa o participando de otro modo en la prolongada experiencia canadiense de la Segunda Guerra Mundial.

Después de 17 años, cuando fui a Europa como estudiante, todavía había edificios destruidos por esa guerra. En las colinas aún podía encontrar restos de los centros de entrenamiento de la Hitlerjugend nazi que la vegetación seguía cubriendo lentamente. Las huellas de la guerra perduran por mucho tiempo. Las economías nacionales empezaban lentamente a funcionar de nuevo, gracias al Plan Marshal.

Un oso que se despertó desnutrido

Esta última semana, desde que el Oso Ruso ha vuelto a despertar y ahora está hambriento de restablecerse como el Imperio Rojo construido con Kalashnikovs y sangre, he buscado cada noche en mi servicio de streaming ROKU las noticias europeas de la invasión de Ucrania.

Hay muchos adventistas ucranianos, por supuesto, y no pocos adventistas rusos. Y estoy seguro de que ambos sienten la amenaza y el dolor de esta insensata agresión masculina. Habrá muchos funerales, viudas, huérfanos y mutilados en ambos lados.

La ceguera sedienta de poder del nacionalismo ha corrompido al llamado patriarca cristiano ortodoxo ruso Kirill para que apoye públicamente la propaganda de Putin de que las víctimas ucranianas eran “fuerzas malignas” y “no debemos permitir que fuerzas externas oscuras y hostiles se rían de nosotros”.

Por supuesto, Hombres de Pecado, envíen sus misiles de crucero, tanques, bombas incendiarias, con el brillo rojo del cohete y las bombas estallando en el aire, ¡para que no se rían de ustedes!

¿Dónde está Dios?

Me pregunto, ¿Dónde está Dios en esta guerra?

Veo a las madres que tiran de una maleta con ruedas con una mano y un niño pequeño con la otra, caminando durante horas para cruzar a Polonia, Moldavia o Hungría. Y veo a los padres llevarlos hasta la frontera, y luego regresarse para ir a tomar un arma y morir matando a los invasores para que esos niños huérfanos puedan crecer sin ser esclavizados por otra nación.

Me he preguntado qué haría yo, y me doy cuenta de que, si fuera yo, haría lo mismo, excepto que me presentaría en un hospital y diría que me quedaré aquí ayudando a cuidar a los heridos hasta que no sea posible cuidarlos. No porque sea valiente, no porque ya no quiera vivir, sino porque como todos los demás estoy hecho a imagen del Dios invisible. No podemos ayudarnos a nosotros mismos.

Estamos diseñados para ayudar, para proteger, para luchar contra el mal, para dar nuestra vida por el bien de los demás. Así que, por cientos de miles, todos debemos ir y hacer lo que podamos. Debemos protestar, debemos aceptar la pérdida personal y los inconvenientes por el bien de los demás. Debemos dejar que la policía nos meta en la cárcel, o que el ejército invasor acabe con nuestras vidas mortales, porque la respuesta a “¿Dónde está Dios en la guerra?” es: en nosotros.

Estamos donde está Dios

Estamos donde está Dios. Se nos dio la responsabilidad. Esa realidad de la oración: “Venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, debe ser hecho por nosotros. El cielo se cuida a sí mismo. La tierra debe ser cuidada por ti y por mí.

Jesús dijo: “¿Crees que no puedo acudir a mi Padre, y al instante pondría a mi disposición más de doce batallones de ángeles?” Pero su Padre no envió ningún ángel, y el Hijo no los esperaba.

Sí, no aprobó que Pedro usara un arma, pero se ofreció como rescate por muchos y me dijo que tomara mi cruz y lo siguiera. No voy a criticar a las mujeres y hombres valientes que toman “la espada” y que morirán por “la espada”, usando las armas para defenderse.

Puede que haya una forma mejor de morir que aferrarse a un gatillo. Ya he visto el vídeo de un valiente sin armas que se pone delante de un tanque invasor ruso y lo hace desviarse. Tal vez los equipos de hombres valientes que se ponen delante de los tanques sin armas serían un elemento de disuasión tan poderoso o más que lanzar bombas molotov caseras. Ambas acciones podrían ser fatales, y por mi parte honraría la valentía de ambos. Tenemos opciones, pero la opción de no hacer nada no es una de ellas.

Dios es visto a través de tus acciones

Veo en la pantalla de mi televisor (France 24, Deutsche Welle, BBC) a polacos y alemanes y húngaros abriendo casas y coches y no cobrando dinero, ni comidas ni camas a esos refugiados. Veo a naciones valientes perjudicando sus propias economías para dañar aún más la economía del agresor. Veo a los soldados rusos deponiendo las armas en lugar de matar a los ucranianos cuando se dan cuenta de que sus comandantes les mintieron diciendo que se trataba de “una operación especial para mantener la paz”.

Y confieso que cuando oré esta noche, a salvo en mi habitación lejos de Ucrania o de Moscú, oraré para que alguien con una pistola o una bomba devuelva esas terribles armas a quienes les ordenan destruir a sus hermanos y hermanas y a sus hijos como sacrificios al imperio, a la nación, a la megalomanía, al poder, al orgullo, a “hacer grande a Rusia de nuevo” o a “que la gente deje de reírse de ellos”. Puede que necesite que me perdonen por esa oración, pero prefiero que me consideren culpable por reaccionar de forma exagerada ante el mal que por no reaccionar. Jesús dijo que prefería tenerme caliente o frío que vomitarme por tibio.

 

John B. Hoehn es un médico jubilado que vive en Walla Walla, Washington. Su libro más reciente es ADVENTIST TOMORROW-Fresh Ideas While Waiting for Jesus. 

 

Traducido y editado por B.Th. Daniel A. Mora, Editor para AToday Latinoamérica