por Victor Lee, traducido por Daniel Mora  |  December 19, 2021.

Al desembarcar, vieron unas brasas con un pescado encima, y un pan. —Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar —les dijo Jesús. Simón Pedro subió a bordo y arrastró hasta la orilla la red, la cual estaba llena de pescados de buen tamaño. Eran ciento cincuenta y tres, pero a pesar de ser tantos la red no se rompió. —Vengan a desayunar —les dijo Jesús. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio a ellos, e hizo lo mismo con el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de haber resucitado (Juan 21:9-14).

No fue un confinamiento por causa del COVID, ni por alguna epidemia relacionada con algún virus, como nuestra crisis actual. Pero para los discípulos de Jesús, el panorama estaba siendo catastrófico: Había una recompensa por la cabeza de los responsables del supuesto robo de la tumba de Jesús.

Y no era cualquier tumba. Fue un robo del cuerpo en la tumba del condenado y crucificado autoproclamado Rey de los judíos. La casta religiosa gobernante de los judíos, incluso habían sobornado a los militares de la Roma pagana, para que acusaran falsamente a los inocentes pescadores galileos de tal crimen.

Esta historia, es comúnmente planteada y usada durante el calendario de predicación de Semana Santa, tiene profundas implicaciones para las actuales circunstancias prolongadas de refugio en el lugar a los que fuimos confinados.

En ese momento de crisis, los discípulos se habían apresurado a volver a casa. 180 kilómetros al norte. Probablemente aparándose bajo las sombras durante la noche y manteniéndose fuera de la vista durante el día hasta llegar a la seguridad de sus pueblos y parientes galileos. Volvieron a hacer lo que hacen los pescadores, e incluso mientras lo hacían, permanecieron envueltos en la oscuridad de la noche. Remando tranquilamente, con la mente en otra parte, en silenciosa reflexión sobre la crisis que ahora es su experiencia colectiva.

Tal vez teman el riesgo de otra agonía suicida, de volverse contra los demás, o incluso de apartarse de su vocación de testimonio mesiánico.

¡Pero llegó Jesús resucitado! De nuevo. Por tercera vez, dice Juan. Y les llamó a través de las nieblas de la mañana y de su pobre ánimo.

“Hijitos (RV60) [Amigos (NTV y TLA); Señor (Ginebra 1587, Tyndale 1526)], ¿no tenéis pescado para comer, ¿verdad?”.

Ellos le respondieron: “No”.

Las ovejas heridas

Toma una pausa y analiza esto.

Tanto “amigos” como “syrs” (o “señores”) no son los mejores intentos de traducir la palabra utilizada en el griego paidia, que es la palabra para un “niño pequeño” o “infante”. Incluso estas palabras son problemáticas.

Mi mentor de lenguas bíblicas, Richard Litke, solía aconsejarnos que, cuando no pudiéramos determinar la palabra a partir del griego, la probáramos en una lengua semítica, que más comúnmente comienza con el hebreo y el arameo. Dado que Mel Gibson recordó al público mundial que Jesús hablaba arameo, en el arameo la palabra más común es yalad, que es un niño o un pequeño infante. Pero también tiene otra palabra que es un juego con el hebreo. Es posible que Jesús haya utilizado talitha (de la palabra raíz tela), en lugar de yalad. Talitha, en arameo, significa un niño, pero en hebreo significa “una oveja herida”. Jesús era hábil en los juegos de palabras,[1] y su uso de talitha tendría sentido ya que había una alta probabilidad de que los discípulos entendieran el hebreo, especialmente porque se usaba como lengua ceremonial (de la misma manera que el latín se usaba comúnmente en la Iglesia Católica).

Así que, sí se trata de “ovejas heridas”, ahora tenemos un doble (y quizá triple) sentido. Los discípulos, dirigidos por Pedro, eran corderos heridos. Pasaron por una gran decepción y ahora son hombres marcados. Pedro habría estado en una profunda agonía emocional después de negar tres veces a su Maestro. Ahora todos eran hombres marcados, en el foco de mira de los asesinos de Roma.

Y, más tarde, estarían bajo mirada asesina de un fariseo. (“El nombre es Tarso… Saulo de Tarso”. El espía que te apedrea).

Pero allí, en la quietud del aislamiento, aún no era hora de morir.

¡Tiene que ser él!

Al llegar a la parte en la que sus redes vacías se llenan de nuevo, la memoria ejercitando entra en acción: sentimientos de deja vu seguidos de esa respiración fortuita y, finalmente, el grito demasiado frecuente del alma humana,

Haz que por favor sea él, oh Dios mío
Debe ser él, debe ser él
o moriré, o moriré
Oh si, si mi querido Dios
Debe ser él … [2]

Completamente con su ropa empapada, Pedro se acercó al Señor resucitado, que los esperaba con una fogata perfectamente preparada para cocinar al aire libre. Y de nuevo tiene lugar un acto comunitario de comer, una comida colectiva en la que participó Jesús. ¡Y qué visita pastoral fue para las “ovejas heridas”! Ahora podrían identificarse mucho más con el Cordero que fue inmolado.

Y Pedro, hijo de Jonás, se enfrentaría ahora al reto de la petición ágape de Cristo de apacentar y pastorear con amor las ovejas y los rebaños del Salvador. ¿Iría de buena gana como Apóstol de los Gentiles, a apacentar las ovejas de los restos de los ninivitas, amalecitas, vegemitas e incluso marmitas?

¿Y qué pasa si un ciudadano romano, un asesino despiadado y que quedaría ciego, una oveja herida del cuartel general de Gamaliel, llama a la puerta? (Gálatas 1:17-19).

Encerrados

Durante nuestros cierres por pandemia COVID-19, hay miembros de la iglesia, familias, jóvenes y niños, cuyas vidas se han visto alteradas. Aunque las personas son en general resistentes, adaptables y supervivientes, Dios desea mucho más que la mera adaptación de supervivencia humana, que a menudo se manifiesta en estrategias relacionales defensivas, airadas, desconsideradas y agresivas. Los maridos y las esposas, al tener que aguantar sin descanso las 24 horas del día, impuestas e imprevistas, bajo el mismo techo (con los niños y los espaguetis en la pared), pueden encontrarlo muy difícil (y pegajoso).

Y luego, están las familias separadas por las restricciones de viaje, algunas internacionales, y otras incluso durante meses y años. Se perdieron cumpleaños, bodas, casos de emergencia, funerales y los sermones pastorales, así como el apoyo de la comunidad eclesiástica que acompaña al sacerdocio de todos los creyentes.

Antes de dejar la congregación de mi iglesia local, llegó un joven pastor. Estuve allí para escuchar su visión del ministerio. Lo que me llamó la atención en esa reunión fue su énfasis en estar bien vestidos; nosotros, como hombres, deberíamos seguir su ejemplo de llevar camisa y corbata (incluso en el calor tropical); principalmente, deduje, que su pensamiento era para diferenciarnos de otras denominaciones que han relajado los estándares en su apariencia exterior. Actualmente, la característica más destacada en la cuenta de medios sociales de esa iglesia es el registro de asistencia a las reuniones en línea organizadas por el pastor.

Estoy seguro de que los números son muy valiosos para su rendimiento, y los indicadores clave de rendimiento institucionales. Pero estoy bastante desconcertado por qué no ha habido una llamada telefónica, o un correo electrónico, o incluso un mensaje de texto a mi esposa o a mí del propio pastor. ¿Cuál sería el equivalente adecuado a la pregunta de Jesús: “¿Cómo va la pesca? ¿Habéis comido?”

Y supongo que, a falta de atención pastoral personal durante las pandemias, recurrimos a otros que estén dispuestos a proporcionarla -o, en su defecto, a ministrarnos a nosotros mismos-. ¿Cómo alimenta un marido a su mujer espiritual y emocionalmente cuando lo único que tiene es una conexión wifi? (¿Cómo alimenta a sus hijos en todos los aspectos de su crecimiento, en la gracia y en la amabilidad, en el favor de Dios y de la humanidad? La pandemia nos ha hecho aplicar el sacerdocio universal de los creyentes y convertirnos en ministros de Jesús.

Ir a pescar como lo hicieron Pedro hijo de Jonás y sus hermanos, no es el camino. El Maestro está a la vuelta de la esquina. (¡Que el lector lo entienda!)

Tengo una idea de lo que es estar separado de casa y de la familia, y de la iglesia durante mucho tiempo. Ese es mi predicamento en los últimos dos años: separado a través de las fronteras internacionales. ¿Hay alguien más por ahí que esté experimentando una situación similar?

Si es así, que oigamos la voz del Verdadero Pastor: “¡Talitha koum!” ¡Oveja herida, levántate! (Marcos 5:41).

¿Cuál fue el final del relato evangélico de Juan? La visita pastoral de Cristo fue una llamada a la acción: “Sígueme”.


  1. Aquellos que, como Joachim Jeremias, dedicaron su vida a buscar el conocimiento de la lengua materna de Jesús, captaron juegos de palabras que simplemente se nos escapan. Ayudan a señalar, por ejemplo, que una capa añadida de Mateo 23:24 es que la palabra aramea para mosquito es galma y la palabra para camello es gamla. Sin personas como Jeremías, esto nos pasaría por alto.
  2. “It Must Be Him”, por Gilbert Francois Leopold Becaud / Mack David / Maurice Alfred Marie Vidalin. La versión en español es “¡Qué sea él!” de Vikki Carr.

Victor Lee estudió Teología en Avondale College, Ciencias Políticas en la Universidad Flinders (Campus de Singapur) y trabaja en la nueva rúbrica de Epigenética Agroecológica desarrollada en el Instituto Internacional de Alimentación, Agricultura y Desarrollo de Cornell (CIIFAD). Nació en Indonesia, creció en Sydney, Australia, y ha hecho de la mega biodiversidad de Borneo su hogar durante los últimos diez años.

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