En Fern Seeds and Elephants [Esporas de Helechos y Elefantes] (p. 78-79), C.S. Lewis describió gentilmente a uno de los antepasados más venerados del adventismo como “el pobre Guillermo Miller”, a quien consideraba “un honesto fanático”. Lewis consideraba que los esfuerzos por calcular la fecha del regreso de Cristo eran un intento vano de hacer lo que Jesús declaró que era imposible (Marcos 13:32-33, 35). El hecho de que “ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre” sepan cuándo volverá Jesús (Mateo 24:36) sugeriría que el esfuerzo por descubrirlo estaba condenado al fracaso.

¿Qué fue, entonces, lo que convenció al “pobre Guillermo Miller” para pensar que había logrado lo que estaba más allá de los ángeles y de Jesús? Quince pruebas supuestamente independientes que había discernido en Daniel y en otras partes de las Escrituras hebreas convencieron a Miller de que había descifrado el código.

Fijando una fecha

En su opinión, estas quince pruebas apuntaban a una fecha para el regreso de Jesús en algún momento entre la primavera de 1843 y la primavera de 1844. Fue creativo en los códigos que utilizó en sus quince pruebas y muy selectivo en sus fechas de inicio. Permítanme dar un resumen de las “pruebas”.

  1. Las pruebas 1-3 asumen que un año es igual a 360 años (7 veces 360 años es igual a 2520 años comunes menos el año del “cautiverio de Israel y del rey de Judá, Manasés, es decir, 677 a.C.”, lo que da 1843 a.C.).
  2. La prueba 5 supone que un año es sólo un año (7×7) x 50 años (años de jubileo) es igual a 2450 años menos 607 años (el final del reinado de Josías a.C.) es igual a 1843 a.C.
  3. La prueba 8 considera que un tiempo equivale a 360 años. Daniel 12:6-7 nos da “tiempo, tiempos y medio tiempo”, lo que significaba para Miller, 360 años más 720 años más 180 años: 1260 años en total. Israel se dispersó con Manasés en el año 677 a.C., lo que continuó hasta que huyeron al desierto en el año 538 a.C., lo que da un total de 1215 años. Los 1260 años comienzan entonces con el 538 a.C. y terminan en el 1798 d.C. El resto entre los 1215 y los 1260 años es de 45 años, que sumados a los 1798 culminan en el 1843 d.C.
  4. En las pruebas 4, 6 y 10 un día equivale a 1000 años. La creación duró seis días, lo que equivale a 6000 años (2 Pedro 3:8), y “encontraremos que este año, 1843, se terminarán los 6000 años desde la caída de Adán” (Miller). Miller también logró encontrar el año 1843 d.C. en Oseas 6:1-3: “Después de dos días nos revivirá; al tercer día nos resucitará, y viviremos ante sus ojos”. En el año 158 a.C. los judíos hicieron un tratado con Roma y 2000 años (es decir, “dos días”) a partir de esa fecha terminan en 1842 d.C. Eso significa que el tercer milenio (es decir, “el tercer día”) comienza en 1843 d.C.
  5. En las pruebas 7, 9, 11, 12, 13, 14 un día es 1 año. Los 1290 y los 1335 días (Daniel 12:11-12) son años, y ambos datan del fin de la Roma pagana en 508 d.C. y el establecimiento de la Roma Papal. Los 1290 años concluyen entonces en 1798 d.C., el año en que terminó el gobierno supremo del papado, y los 1335 años terminan en 1843 d.C. cuando Jesús regrese.
  6. En la prueba 15 el número 666 equivale a 666 años (ver Apocalipsis 13:18). Deduce los 158 años a.C. (cuando los judíos hicieron un tratado con Roma) de los 666 años, lo que da la fecha de 508 d.C., a la que añade los 1335 años de Daniel 12:12 para la fecha de 1843 a.C.

La fecha final, 1843, parece ser el factor de determinante en cuanto a qué código se utiliza y, además, la elección de la fecha de inicio parece ser elegida para que cuadre con la fecha final. F. D. Nichol (el editor del Comentario bíblico adventista), en su defensa de Miller, admitió que sus pruebas secundarias eran “rebuscadas”, “fantasiosas” y “forzadas” (The Midnight Cry, 523-24).

Lamentablemente, tanto el 21 de marzo de 1843 como el 21 de marzo de 1844 llegaron y pasaron, pero Jesús no apareció. Miller llegó a la conclusión de que debía haber una pequeña discrepancia en sus cálculos y siguió creyendo que el regreso de Jesús era inminente. Samuel Snow pronto proporcionó una corrección al señalar que si los 2300 años de Daniel 8:14 comenzaron en el otoño de 457 a.C., llegarían a su punto culminante en el otoño de 1844 a.C. y no en las primaveras de 1843 o 1844. En consecuencia, Snow relacionó la fiesta otoñal del Día de la Expiación (Lev 16) con Daniel 8:14, que, al estar en el séptimo mes del año civil judío, dio lugar a lo que se conoció como el Movimiento del Séptimo Mes.

Afinando la fecha

La vinculación de la profecía de los 2300 días (años) con el Día de la Expiación en el décimo día del séptimo mes (Tishri) permitió a Snow dar una fecha aún más precisa que la propuesta por Miller. Snow afirmó que, según el antiguo calendario judío caraíta, el Día de la Expiación ocurrió en 1844, el 22 de octubre. La fecha específica de Snow, que daba el día preciso del regreso de Jesús, encendió el celo de los milleritas, que estaban devastados por el fracaso de su anterior predicción. Los nuevos cálculos de Snow condujeron a una campaña evangelizadora urgente, intensa y celosa, pero de corta duración. El lema de este Movimiento del Séptimo Mes era “¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!” (Mateo 25:6).

Snow publicó sus puntos de vista el 22 de agosto de 1844 en una nueva revista titulada The True Midnight Cry. Primero intentó explicar cómo podía fechar con precisión el Segundo Advenimiento cuando Jesús dijo que era imposible hacerlo (Marcos 13:32-33, 35). Una vez hecho esto a su satisfacción, se centró en tres pruebas para demostrar que el Advenimiento ocurriría en el otoño de 1844. La primera prueba supone que desde la creación hasta el Advenimiento hay 6000 años (véanse las pruebas 4, 6 y 10 de Miller). Según Ussher, la era cristiana comenzó 4004 años después de la creación del mundo, pero Snow afirmó haber encontrado un error de 153 años en la cronología de Ussher, que daba el número correcto de años como 4.156. “Deduciendo esto de los 6000 años, el resto es 1843 y una fracción. Por lo tanto, el período terminará en 1844” (The True Midnight Cry, 1-2).

El día de la expiación

Sin embargo, la mayor contribución de Snow fue su énfasis en los tipos de la Ley de Moisés para su cálculo del tiempo del regreso de Jesús. Unió el texto del Día de la Expiación (Lev 16) con Daniel 8:14 para proporcionar una fecha más precisa que el simple año de 1844 d.C. “Porque Dios”, afirmó, “es un guardián del tiempo exacto … el tiempo es un punto importante en la ley del Señor; por lo tanto, el tipo y el antitipo deben corresponder exactamente en lo que respecta al tiempo”. El clímax del Día de la Expiación terrenal en el décimo día del séptimo mes era cuando el sumo sacerdote, habiendo completado la “reconciliación” en el lugar santísimo, salía hacia el pueblo que esperaba. “El sumo sacerdote era un tipo de Jesús nuestro Sumo Sacerdote; el lugar santísimo un tipo del cielo mismo; y la salida del sumo sacerdote un tipo de la venida de Jesús por segunda vez para bendecir a su pueblo que lo esperaba. Como esto ocurrió el día diez del séptimo mes, así en ese día vendrá ciertamente Jesús, porque no ha de faltar ni un solo punto de la ley. Todo debe cumplirse”. Y según Snow, ese día en el calendario caraíta fue el 22 de octubre de 1844.

Los milleritas que aceptaron la fecha precisa de Snow como una verdad bíblica se sintieron revitalizados por ella, y desde agosto hasta el 21 de octubre predicaron ampliamente y con intensa convicción. Muchos abrazaron el llamado “a salir a su encuentro”, y luego se sumaron a los que lo proclamaban. A su debido tiempo, la elevada y excitada expectativa del regreso de Jesús se vio truncada por la llegada del amanecer del 23 de octubre, y su decepción fue amarga y demoledora. Por segunda vez, en lugar de aceptar la falsedad de sus cálculos, asumieron que un pequeño error en sus datos era la explicación del retraso. En consecuencia, se promovieron varias fechas para el regreso de Jesús: 1845 o 1846, o 1847 o 1851, o 1853-1855 (Richard W. Schwartz y Floyd Greenleaf, Light Bearers, 52). Sin embargo, gradualmente, la mayoría de los milleritas dejaron de lado su afición por calcular la fecha del regreso de Cristo.

Animados para la decepción

El surgimiento del Movimiento del Séptimo Mes -que basó su fecha específica en la exégesis creativa de Snow- vigorizó el millerismo por un corto tiempo. Desgraciadamente, su fecha precisa también fracasó, y con el fracaso llegó la pérdida de fervor, ya que es difícil mantener el compromiso de un movimiento modificando la fecha sin cesar. Muchos de los milleristas decepcionados se aferraron desesperadamente a lo que no se puede conocer: el momento del regreso de Jesús (Mateo 24:36).

El Movimiento del Séptimo Mes cautivó tanto los corazones y las mentes de algunos milleritas que les resultó imposible negar que Dios los había guiado en su experiencia y a través de esta situación. Estos incondicionales estaban dispuestos a modificar su esperanza del inminente Advenimiento antes que aceptar que el Movimiento del Séptimo Mes con su fecha fija era un error humano y no una experiencia divinamente inspirada.

Si no fue el Advenimiento que se profetizó que ocurriría el 22 de octubre de 1844, entonces ¿qué ocurrió en esa fecha? Esa era, por supuesto, la pregunta definitiva para los decididos defensores del Movimiento del Séptimo Mes y la fecha precisa que los inspiraba. La progresión hacia una solución que los satisficiera no procedió con pasos claros y lógicos. Se propusieron varias ideas dispares de forma independiente hasta que, de alguna manera, confluyeron en una forma que les resultaba aceptable.

Sin embargo, ¿sigue siendo viable su solución casi 178 años después del nuevo cálculo de Snow de la fecha original de Miller? Esa pregunta requiere otra respuesta.


Norman H. Young es un erudito del Nuevo Testamento y profesor jubilado del Avondale College de Nueva Gales del Sur (Australia)..

Para comentar, dale clic aquí.