By Daniel A. Mora  |  2 Junio 2019  |

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En el año 2017, la Unión Adventista del Sur de los Estados Unidos, decidió invitar a su reunión ministerial al pastor evangélico Dante Gebel, para hablar sobre familia; y al grupo de cantantes argentinos Amanecer, compuesto por jóvenes adventistas. Esta situación provocó preocupación en algunos pastores y teólogos adventistas; quienes consideran esto como una forma de socavar el «modelo distintivo de culto y alabanza». No abordaré en este documento los cuestionamientos hacia los estilos musicales,[1] sino la reacción contra el hecho de invitar a oradores no adventistas a nuestras reuniones.

Cuando leí algunas notas reaccionarias, resaltaban palabras como «negación de los principios», «esa clase de gente»; «¿se puede aprender algo de ellos?» o «¿no había alguien de los nuestros preparado para hablar de familia?». La misma suerte (o peor) corrieron los organizadores del retiro ministerial, a quienes catalogaron de «traidores», «¿son en realidad adventistas?», «faltos de espiritualidad» o «no aman la Biblia y carecen de poder espiritual». Inclusive algunos llegaron a poner en duda la integridad moral y personal de pastores como Roger Hernández, Alejandro Bullón, Allan Machado, James Doggette, José Vicente Rojas; o de la profesora de música Adriana Perera.

Al ver este tipo de reacciones, uno estaría obligado a pensar que el adventismo es un movimiento cerrado, autosuficiente por «poseer toda la verdad». Sin embargo, este tipo de reacciones solo proviene de un minúsculo grupo de adventistas que se aferran a sus tradiciones y las consideran infalibles. Por lo que este artículo tiene la intención de dinamitar ese tipo de reacciones que en nada contribuyen al dialogo, y que al emplear esa retórica agresiva demuestran la debilidad de sus argumentos.

¿Creemos los adventistas que no hay nada que aprender de los otros? ¿Cuál fue la postura de Ellen White acerca de aprender de los otros y cómo relacionarnos?

Antes de continuar, es imperante hablar un poco de lo que el adventismo piensa de los otros cristianos. En primer lugar, los adventistas afirmamos que «la iglesia es la comunidad de creyentes que confiesan que Jesucristo es Señor y Salvador».[2] Al igual que los protestantes, sostenemos que existe una iglesia visible y otra universal; como respuesta a la prerrogativa del papado en reclamar la exclusividad de la iglesia cristiana. Es decir, «la iglesia universal está compuesta de todos los que creen verdaderamente en Cristo».[3] Ekkehardt Mueller, director asociado del Bíblical Research Institute (Instituto de investigación bíblica) de la Asociación General, expone: «aunque la Iglesia Adventista del 7° Día es una iglesia mundial con muchas iglesias locales, los adventistas no pretenden ser la iglesia universal. El carácter de universalidad es más amplio que cualquier denominación. Es visible y también invisible en tanto consta de los que creen en Jesucristo y lo siguen».[4]

En segundo lugar, aunque el adventismo sostiene la necesidad de restaurar las verdades bíblicas, no cree que sea su exclusivo deber y que no haya nada que pueda aprenderse en ese proceso. Dado que la verdad no es propiedad de ningún cristiano, sino del Cristo de quien emana la salvación (Jn 8:32-38, cf. 14:6). De modo que los adventistas,

Reconocemos cada agencia que eleva el nombre de Cristo ante los hombres, como una parte del plan divino para la evangelización del mundo, y tenemos en alta estima a los hombres y mujeres cristianos de otras comuniones que están dedicados a ganar almas para Cristo.[5]

Cuando Jesús relato la parábola del redil, afirmo esta realidad: «También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor» (Jn 10:16). En este sentido Ellen White comentó la importancia de reconocer y respetar a los otros como agentes que sirven a Dios, aun en su limitada comprensión de la verdad:

Nuestros ministros deben procurar acercarse a los ministros de otras denominaciones. Oren por estos hombres y con ellos, pues Cristo intercede por ellos. Tienen una solemne responsabilidad. Como mensajeros de Cristo, debemos manifestar profundo y ferviente interés en estos pastores del rebaño.[6]

Nuestros pastores han de hacer suya la obra especial de trabajar por los ministros. No han de entrar en polémica con ellos, sino que, con su Biblia en la mano, han de instarlos a estudiar la Palabra. Si esto se hace, hay muchos pastores que ahora predican el error, que predicarán la verdad para este tiempo.[7]

En otras palabras, los otros han sido redimidos por la sangre del Cordero, y él Espíritu Santo los guiara en la búsqueda de la verdad. Es en este contexto que los otros también tienen conocimientos y experiencias que compartir, de las cuales nosotros nos beneficiaremos. Así fue como nació el adventismo, la suma del conocimiento de otros pertenecientes a diferentes iglesias cristianas.

Siempre hay algo que aprender de los otros

El ministerio de Ellen White abarcó una gama interesante de anécdotas respecto al relacionamiento con los otros, y la importancia de aprender en el proceso de búsqueda de la verdad. White al igual que los pioneros adventistas, no creían que la «verdad presente» fuera estática, que las interpretaciones fueran infalibles o que ellos controlaran la verdad: «No debemos pensar: ‘Bien, tenemos toda la verdad, comprendemos los pilares fundamentales de nuestra fe, y podemos descansar sobre este conocimiento’. La verdad es progresiva y debemos caminar en su luz creciente».[8]

En 1863, Ellen White recibió una visión sobre la importancia de la salud y el cuidado del cuerpo, a partir de ese año, ella comenzó a escribir extensamente sobre el tema de la salud. Además de apoyar la creación de una institución para atender a los enfermos y mejorar la calidad de vida. Sin embargo, aun había grandes cosas por aprender y también para mejorar. No es nada novedoso el hecho de que ella se nutrió en gran medida de los conocimientos de otros sobre diversos temas, incluyendo el de la salud.

Con esta mentalidad, Ellen White respondió a las inquietudes de Sarepta Iris Henry, una destacada oradora y líder del movimiento feminista norteamericano Unión Pro Temperancia de Mujeres Cristianas (Woman’s Chris-tian Temperance Union). En 1895, Henry se internó en el Sanatorio de Battle Creek por problemas de salud; allí conoció el mensaje y se convirtió al adventismo en 1896. La pregunta que White recibió en una carta escrita por Henry, era sí una adventista podía trabajar dentro de ese movimiento, sin traicionar los principios bíblicos; la respuesta no se hizo esperar:

Agradezco al Señor con toda mi alma y corazón, y con toda mi voz, por el hecho de que usted haya sido una dirigente prominente e influyente en la Unión de Mujeres por la Temperancia Cristiana. En la providencia de Dios, ha sido traída a la luz para obtener un conocimiento de la verdad…

El Señor no le ordena que se separe de la Unión de Mujeres Cristianas. Necesitan toda la luz que usted pueda darles. Haga brillar toda la luz posible en el camino de ellas. Concuerde con ellas en el terreno de los principios elevados y puros que hicieron posible la creación de la Unión de Mujeres Cristianas.[9]

Por sus siglas en inglés, Woman’s Chris-tian Temperance Union, era un movimiento en pro de los derechos de las mujeres que se fundó, inicialmente, con la intención de combatir el alcoholismo. Las mujeres preocupadas por la condición de sus maridos –los cuales llegaban ebrios a sus hogares–, decidieron tomar cartas en el asunto.[10] En 1873, en la ciudad de Ohio y Nueva York, varias mujeres fueron a la iglesia a orar, para luego marchar hasta las tabernas, y pedir a los propietarios que las cerraran. De hecho, los resultados fueron tan positivos, que esto las llevó a organizarse como un movimiento. Convirtiéndose de esa forma en el más antiguo y más grande de Norteamérica.

Más adelante este movimiento, incluyo otros problemas sociales aparte del alcohol. Lucharon contra la esclavitud, el tabaquismo, las drogas, el abuso (sexual, emocional, físico, etcétera), y por los derechos de las mujeres.[11]

Sentían que se necesitaba hacer cambios profundos en la sociedad, para poder salvar sus hogares. Barbara Leslie Epstein señala que la UPTMC, buscaba la igualdad de las mujeres en diferentes esferas:

La fundadora Frances Willard y otras mujeres de la UPTMC apoyaron firmemente la igualdad de derechos para las mujeres en todas las áreas de la vida pública. Además, Willard afirmaba que la mujer debía recibir entrenamiento y educación, y que debía tener a su alcance una ocupación fuera del hogar, de modo que no tuviera que depender del matrimonio para su sostén. También creía que los hombres debían participar en la vida familiar en general y en el oficio de ser padres en particular, y que el esposo y la esposa debían tratarse el uno al otro como iguales.[12]

¿Estuvo de acuerdo Ellen White con este movimiento feminista? En sus escritos encontramos que lo apoya, especialmente por el tema de la temperancia. El 18 de junio de 1908, ella escribió un artículo en la Review and Herald titulado: «Disseminating Temperance Priciples»:

La Unión Pro Temperancia de Mujeres Cristianas es una organización con cuyos esfuerzos por la difusión de los principios sobre temperancia nosotros podemos unirnos cordialmente. Me ha sido dada luz de que no nos mantengamos apartados de ellas, pero al paso que no hemos de sacrificar ningún principio de nuestra parte, hasta donde sea posible hemos de unirnos con ellas en la obra de reforma pro temperancia. … Hemos de trabajar con ellas cuando podamos, y ciertamente podemos hacer esto en el asunto de la clausura absoluta de las tabernas.[13]

Uniéndonos con ellas en defensa de una total abstinencia no cambiamos nuestra posición en cuanto a la observancia del séptimo día, y podemos demostrar nuestro aprecio por su posición en cuanto al tema de la temperancia. Al abrir la puerta e invitarlas a unirse con nosotros en el asunto de la temperancia nos aseguraremos su ayuda en lo que atañe a la temperancia; y ellas, al unirse con nosotros, oirán nuevas verdades las cuales el Espíritu Santo está esperando impresionar en sus corazones.[14]

Ellen White había quedado impresionada por la organización y eficacia de la UPTMC, y como sus mujeres eran educadas para trasmitir los principios de temperancia y derechos civiles en la sociedad norteamericana del siglo XIX. El pensamiento de White era poder aprovechar los conocimientos de este movimiento y así enriquecer al adventismo en cuanto a la salud.

Sin embargo, había algunos dirigentes adventistas que no apreciaban ese pensamiento. Ellen White escribió una carta a J. A. Burden sobre este problema: «He tenido alguna oportunidad de ver la gran ventaja que tendríamos al relacionarnos con las obreras de la UPTMC, y he quedado muy sorprendida cuando he visto la indiferencia de muchos de nuestros dirigentes hacia esa organización. Exhorto a mis hermanos a que despierten».[15] En esa carta, White expone varios principios sobra la importancia de relacionarse con otros y aprender de ellos:

  1. Los otros también son creyentes sinceros: «El Señor tiene en esa asociación almas preciosas, que aceptarán la verdad y se harán uno con nuestros trabajos».[16]
  2. Al unirse con otros, se enriquece el conocimiento: «Estos trabajadores nos serán de gran ayuda en nuestros esfuerzos en las líneas de templanza. Y la educación que nuestro pueblo ha tenido en la verdad bíblica y en el conocimiento de los requisitos de la ley de Jehová la impartirán a los que vengan entre nosotros».[17]
  3. Debe eliminarse el prejuicio contra los otros: «Así se creará una unión y una simpatía donde en el pasado ha existido el prejuicio. Necesitamos la ayuda que estas mujeres trabajadoras pueden darnos; ellas necesitan la ayuda que nosotros podemos darles en el conocimiento del sábado del Evangelio. Al mantenernos alejados…, nuestro pueblo ha perdido mucho; y los miembros de la UPTMC. también han estado perdiendo terreno. Si ahora se hacen todos los esfuerzos posibles para llegar a estas personas, se eliminarán los prejuicios y se llegará a las almas que nuestro pueblo ha pensado que nunca aceptarían esta verdad presente».[18]
  4. La imprudencia y la autosuficiencia son peligrosas: «Se me ha instruido que no se ponga ningún obstáculo en el trabajo de la Hermana Starr para la UPTMC. Mientras estuve en Australia, el pastor Alonzo T. Jones, por un curso de acción imprudente, casi cortó toda oportunidad para que trabajemos para esta gente. En ese momento se me mostró que no se debe poner ningún obstáculo en el camino de aquellos que están tratando de llegar a estos trabajadores de la temperancia. En algunos asuntos están más adelantados que nuestros líderes en la importante cuestión de la temperancia».[19]
  5. Relacionarse con otros, es una oportunidad para compartir la verdad: «Sería bueno que en las reuniones campestres invitáramos a los miembros de la UPTMC a participar en nuestros actividades. Esto les ayudará a conocer las razones de nuestra fe… Y nosotros a su vez podemos enseñarles muchas cosas a estos trabajadores. Ellos escucharán la verdad, y muchos se convertirán a la fe».[20]

Invitar a los otros y escucharlos

En los descargues que leí de algunos adventistas, en su mente estrecha, invitar a otros a nuestras reuniones es un sinónimo de traición a las verdades bíblicas. La pregunta es, ¿todo lo que los otros creen es errado?, ¿somos los adventistas auténticos en nuestras creencias?, de no serlo, ¿cuál es el problema en invitar a los otros para que compartan sus conocimientos en puntos iguales a los nuestros? El caso de Dante Gebel, este vino a hablar de familia, ¿tanto dista nuestra comprensión adventista sobre este tema? No vino a hablar del domingo, tampoco de la inmortalidad del alma.

Una actitud interesante en el cristianismo primitivo, fue la de los judíos de Berea: «recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así» (Hch 17:11). El apóstol Pablo, también exhortó: «Examinadlo todo; retened lo bueno» (1 Tes 5:21). Esa misma idea era la que tenía Ellen White, quien no dudo en promover invitaciones a los miembros de la UPTMC para que disertaran sobre la salud en los congresos adventistas: «Sería bueno que en las reuniones campestres invitáramos a los miembros de la UPTMC a participar en nuestros actividades», en ese contexto sigue diciendo: «En sus labores, mi esposo, siempre que tenía oportunidad, invitaba a los trabajadores de la causa de la temperancia a su reunión y les daba la oportunidad de hablar. Y cuando nos daban invitaciones para asistir a sus reuniones, siempre respondíamos».[21]

Sí Ellen White estuviera viva, e hiciera esto, ¿cuál sería la reacción de estos fervorosos adventistas? Pero, no necesitamos esperar su respuesta. En su época ella debió hacer frente a este tipo de personas, a los que catálogo de «mente estrecha». Cuando algunos adventistas reprocharon la labor de Sarepta Henry, y veían con desagrado su trabajo en el movimiento feminista UPTMC, White escribió:

No creo que haya alguien en nuestro pueblo con un entendimiento tan limitado que fuera a decirle a la Hna. Henry que corte sus lazos con la UPTMC. La hermana Henry puede sembrar las semillas de la verdad en esa sociedad. No es necesario que comparta todo el conocimiento que ha obtenido acerca de temas controversiales, pero puede compartir las buenas nuevas de la salvación.[22]

Lamentablemente, la obra de Sarepta Henry ceso prematuramente, ya que murió en 1900. Pese a esto, Ellen White creía que la labora en la UPTMC y su relacionamiento con los adventistas debía continuar. En este sentido le escribió una carta a Alonzo T. Jones para amonestarlo por su actitud áspera hacía dicha labor. Motivando a seguir invitando a las reuniones adventistas a los dirigentes de esa organización:

Se puede hacer mucho bien si algunas de las mujeres de la UPTMC fueran invitadas a nuestras reuniones campestres para participar en estas enseñando a nuestras hermanas cómo trabajar. Durante la reunión, escucharían y recibirían, además de impartir. Hay un gran trabajo por hacer, y en lugar de presentar los rasgos de nuestra fe que son objetables para los incrédulos, digámosles como Felipe le dijo a Natanael: «Ven y ve» [Juan 1:46]. Nosotros tenemos bastante luz, gran conocimiento e instrucción continua, pero me fue dada para muchos de los nuestros las palabras: «Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto» (Daniel 5:27).[23]

En 1914, un año antes de su muerte, Ellen White siguió apoyando el relacionamiento con otros, y aprovechar sus conocimientos, pero sobre todo, saber respetar y compartir nuestro conocimiento con prudencia. Ella escribió: «Necesitamos actualmente manifestar un interés decidido en la obra de temperancia de la UPTMC. Nadie que asevere tomar parte en la obra de Dios, debe dejar de interesarse en el gran objeto de esta organización, en sus ramos de temperancia».[24]

Conclusión

¿Es sabio aislarnos como adventistas? Creo que no, así como tampoco lo es descargar contra otros cristianos, porque sencillamente sean otros y no nuestros. No hay argumentos que puedan avalar una actitud hostil y egocéntrica, estamos llamados a relacionarnos. Pero también, a aprender a escuchar lo que los otros tienen para compartir, en cuanto a los puntos que tenemos en común con ellos. Ellen White, estuvo adelantada para su época, ojala estos adventistas críticos pudieran «retroceder» a esa mentalidad del siglo XIX.


  1. En lo que respecta al tópico de la música, lo abordaré en otro documento. Conozco a dos de los integrantes del grupo Amanecer, quienes como grupo musical están comprometidos con la misión y el mensaje adventista. Sirven como dirigentes locales de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Castelar, Buenos Aires.
  2. Gn 12:3; Hch 7:38; Ef 4:11-15; 3:8-11; Mt. 28:19, 20; 16:13-20; 18:18; Ef 2:19-22; 1:22, 23; 5:23-27; Col 1:17, 18.
  3. Creencia no. 13.
  4. Ekkhardt Mueller, «La universalidad de la iglesia en el Nuevo Testamento», en Mensaje, misión y unidad de la iglesia, ed. Ángel Manuel Rodríguez (Buenos Aires: ACES, 2015), 35.
  5. Asociación General de la IASD, Constitution Bylaws and Working Police (Washington, D.C.: Asociación General de la IASD, 1984), 294.
  6. Ellen White, El evangelismo (Florida, Buenos Aires: ACES, 1975), 409.
  7. Ibid.
  8. Ellen White, «Open the Heart to Light», Review and Herald, 18 de junio de 1889.
  9. Ellen White a Sarepta I. Henry, Carta 118, 1898; citado parcialmente en ídem, Manuscrito 74, 1898 (Silver Spring, MD: Ellen G. White Estate, 01 de diciembre de 1898).
  10. Woman’s Christian Temperance Union, «The History of the WCTU», http://www.wctu.org/history.html (consultado: 3 enero, 2014).
  11. Ibid., «Early History», http://www.wctu.org/earlyhistory.html (consultado: 3 enero, 2014).
  12. Barbara Leslie Epstein, fg (Middeltown, CT: Wesleyan. 1981), 147.
  13. Ellen White, «Disseminating Temperance Priciples», RH, 18 de junio de 1908, 8.
  14. Ibid.
  15. Ellen White a J. A. Burden, Carta 274, 02 de septiembre de 1907. Citado parcialmente en ídem, El ministerio de la bondad, 170.
  16. Ibid.
  17. Ibid.
  18. Ibid.
  19. Ibid.
  20. Ibid.
  21. Ibid.
  22. Ellen White, Manuscript Releases 7:165 (1899).
  23. Ellen White a A. T. Jones, Carta 59, 18 de abril de 1900.
  24. Ellen White, «The Temperance Work», RH, 15 de octubre de 1914, 3-4.

Daniel A. Mora estudió teología en el Seminario Adventista del Séptimo Día en Venezuela. Es uno de los editores de Apartadas para el Ministerio: Perspectivas bíblicas sobre la ordenación (Set Apart for Ministry: Biblical Perspectives on Ordination).

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