Por Thandazani Mhlanga  |  23 de abril, 2022  |

En mi país natal, Zimbabue, en la época colonial, cuando aún se llamaba Rodesia del Sur, un respetado y apreciado ganadero colonial importó un toro premiado de Escocia. La llegada del toro no era un asunto menor: los ganaderos de todo el mundo venían a ver y celebrar esta magnífica bestia. La adquisición de un toro tan caro se consideraba una marca de éxito excepcional para la comunidad, un símbolo del genio colonial. Se corrió la voz de que este toro sería en breve el padre de muchos terneros.

El granjero insistía en que este colosal toro era sorprendentemente dócil, de temperamento tan suave como el de un cordero: “Le gusta y disfruta de la interacción humana”, afirmaba. Los granjeros se desplazaban en auto para pasar una tarde viendo a la magnífica criatura (aunque a pesar de los rumores sobre la supuesta mansedumbre del animal, ¡se notaba que lo observaban detrás de la valla!)

Como este animal gozaba de un alto estatus social entre la minoría colonial, se asignó a un niño negro nativo de unos 12 años para que fuera lo que podría describirse como el mayordomo a tiempo completo del toro.

Y entonces, la tragedia: la supuesta bestia dócil atacó a su joven cuidador, mutilándolo brutalmente y matándolo. Se convocó un tribunal informal de justicia, en el que se decidió que la familia del chico merecía una indemnización, que el granjero pagó gustosamente.

Lo que ocurrió después me parece lo más interesante de la historia. El ganadero decidió que el toro había cometido un delito y debía ser ejecutado. Se ha especulado que el granjero siguió lo establecido en Éxodo 21:28:

“Si un buey acorneare a hombre o a mujer, y a causa de ello muriere, el buey será apedreado, y no será comida su carne; mas el dueño del buey será absuelto”.

Cuando se corrió la voz, algunos de los compañeros del granjero colonial abogaron por la vida del toro. Puede que la negligencia del muchacho haya provocado el terrible accidente”, argumentaron. “Pero, de todos modos, ¿por qué castigar al toro? Te pagaremos y nos lo llevaremos, si eso apacigua tu culpa”.

Pero el granjero estaba decidido. El toro había asesinado, y había que castigarlo. La historia dice que el toro fue ejecutado frente a un pelotón de fusilamiento.

La justicia legal

Probablemente no hayas oído esta historia. Sucedió en un oscuro rincón del mundo, en el período colonial de la historia de África. Pero este acontecimiento fue recordado por la comunidad, tanto africana como colonial, y sigue desafiándonos en materia de jurisprudencia religiosa. Crecí con esta historia, y la he revisado a menudo y la he mirado desde diferentes perspectivas: desde el punto de vista del niño, del agricultor, de la familia del niño, de la comunidad colonizada, del toro, y ahora de la Biblia.

Este campesino no era un hombre inculto e ignorante. Era un miembro de la minoría blanca gobernante que se había comprometido a llevar el cristianismo y la civilización occidental a los africanos ignorantes y poco sofisticados (o al menos así lo veían los colonialistas). Pero más allá de su visión colonial del mundo, ¿era correcta su comprensión hermenéutica de Éxodo 21:28?

El agricultor anónimo entendía que las leyes casuísticas (leyes “causa-efecto”) registradas en la Biblia debían ser aplicadas judicialmente. El problema es que los registros bíblicos e históricos significativos de la resolución judicial de tales casos deberían ir acompañados de historias que ilustren la buena o mala aplicación de dichas leyes. Pero no hay ejemplos de casos legales de este tipo en la Biblia, ni en otros escritos del mundo antiguo.

Por lo tanto, parece probable que los antiguos tuvieran un uso diferente de esas leyes que su aplicación literal, y conocer esto podría haber alterado el destino del toro.

Otros posibles escenarios

Aunque reconozco que la muerte del joven guardián fue una tragedia, me parece que podría haber habido otros desenlaces.

  • El ganadero pudo haber entregado el toro a quien estuviera dispuesto a aceptarlo con un reconocimiento legal por escrito de la historia del toro, preservando así un bien de valor para la comunidad.
  • El toro pudo recibir una muerte decente de carnicero, y su carne adornar las mesas de muchas familias hambrientas.
  • El agricultor pudo haber vendido el toro y añadir los fondos a la indemnización dada a la familia del niño negro.
  • El toro podría haber sido enviado de vuelta a Escocia y vendido en una subasta. La gente podría haber pagado mucho por la novedad de un toro que había viajado a África y vuelto.
  • El toro era una inversión para la cría que habría seguido siendo rentable, cuyos beneficios podría haber entregado el ganadero a la familia del niño mientras durara la vida del toro.

Cualquiera de ellos, en mi opinión, habría sido, más justo de lo que hizo tanto al toro como a la cultura en la que vivía.

Ah, y hay otra posibilidad interesante en la jurisprudencia bíblica. Dada la probabilidad de que esta enorme bestia no fuera de hecho tan mansa como un gatito, el granjero podría haber aplicado Éxodo 21:29:

Si el toro tiene la costumbre de cornear, se le matará a pedradas si llega a matar a un hombre o a una mujer. Si su dueño sabía de la costumbre del toro, pero no lo mantuvo sujeto, también será condenado a muerte.

En este caso, el granjero habría pagado con su propia vida.

Armado con tu conocimiento de la jurisprudencia legal bíblica, si estuvieras en el lugar del granjero, ¿habrías matado al toro?

Otro caso para analizar

Las leyes religiosas suelen regir el comportamiento de los religiosos. Pero nuestra interpretación de estas leyes debe ser correcta, y debe dar lugar a una aplicación justa y racional de dicha ley.

Consideremos la ley que prohíbe el adulterio como un ejemplo de cómo la comprensión de la ley puede catalizar un cambio de paradigma legal dentro de la iglesia.

La definición legal de adulterio en la Biblia es cuando una mujer comprometida o casada tiene relaciones sexuales consentidas con un hombre que no es su marido, si éste no está separado (Levítico 20:10 y Deuteronomio 22:22).

Ante todo, reconozcamos que esta definición tiene lo que considero un sesgo injustamente antifeminista. Esto no debería sorprendernos porque es el sesgo cultural habitual en el Antiguo Cercano Oriente, por lo que no es sorprendente encontrarlo en el Antiguo Testamento. En ese mundo, el adulterio se definía por el estado civil de la mujer, haciendo recaer sobre ella el peso de las consecuencias legales.

Puedes ver, por supuesto, estos claros prejuicios culturales dentro de las leyes de adulterio; explicarlos sería hablar hasta el cansancio.

Además, la ley bíblica dice que los sorprendidos en adulterio debían ser apedreados hasta la muerte. Pero, ¿debemos usar esta ley y este castigo dentro de nuestra visión moderna del mundo, como intentó hacer el granjero con su toro “criminal”?

Sentencias judiciales bíblicas

De nuevo, busquemos ejemplos de esta norma aplicada en el texto. Recordemos que la definición bíblica distingue entre los casos de agresión sexual y de adulterio: los casos de adulterio siempre implican consentimiento, la mujer tiene que estar casada o desposada, y su marido no debe estar alejado para que el caso se pueda calificar.

Hay cinco ejemplos que me vienen a la mente.

  • David y Betsabé (2 Samuel 11),
  • Sarai y Faraón (Génesis 12:10-20),
  • Gomer y Oseas (Oseas),
  • Judá y Tamar (Génesis 38:1-26), y
  • La mujer adúltera y el establishment religioso (Juan 8:1-11).

Sin profundizar demasiado, observemos que en cada una de estas historias hay adulterio. Sin embargo, ¡en ninguna de ellas nadie fue apedreado hasta la muerte!

Esto implica que las sentencias de los casos sobre adulterio estaban influenciadas por factores concretos del caso particular, evaluados sobre una base ética, emocional y política, en lugar de atenerse a la letra de la ley.

Ahora bien, podría ser que alguien fuera apedreado por adulterio en algún momento. Es imposible argumentar en contra por la ausencia de ejemplos registrados, pero tampoco podemos argumentar a favor. En general, el registro parece mostrar que, por lo general, el enfoque legal tomaba en consideración muchos factores del caso.

Lo que sugiere que, entre nosotros, también, que, en materia de jurisprudencia bíblica, los casos siempre deben ser evaluados y valorados caso por caso.

La interpretación correcta de los códigos legales bíblicos es importante porque los códigos también ayudan a exponer nuestros prejuicios culturales, y nos ayudan a cambiar nuestras perspectivas y visiones del mundo. En este caso, la comprensión de las leyes en términos de lo que pretendían y de cómo se aplicaron mostrará que nuestras ideas religiosas sobre el sexo prematrimonial son en su mayor parte una construcción propia cultural, ya que los antiguos claramente no incluyeron nuestras nociones de pecado sexual en sus leyes sobre el adulterio, ni las aplicaron como algunos cristianos.

No estoy discutiendo si son correctas o no, sino señalando que son predominantemente invenciones modernas, no asuntos de jurisprudencia del Antiguo Testamento, como a veces se piensa que son.

La vida religiosa y las leyes religiosas han coexistido desde que ambas han sido conocidas por la humanidad. Los desafíos que hemos enfrentado con respecto a ellas se han debido principalmente a una mala comprensión y aplicación de las mismas, como he mostrado en estos dos ejemplos: del toro ejecutado, y del adulterio. Comprender las limitaciones de estas leyes ayudará a aclarar la relación entre la vida religiosa y los reglamentos religiosos, y encausar las normas de la Iglesia.

Traducido y editado por Daniel A. Mora, B.Th., Editor para AToday Latin America


Thandazani Mhlanga es un pastor, educador, orador y autor que actualmente estudia las antiguas civilizaciones del Cercano Oriente en la Universidad de Toronto. El pastor Thandazani y su esposa, Matilda, han sido bendecidos con tres hermosas niñas que son la alegría de sus vidas. Su sitio web es themscproject.com.

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