Por Matthew Korpman | 13 de abril, 2022

En su sermón del 9 de octubre para la reunión del Consejo Anual de 2021, el pastor Ted Wilson advirtió que “el Diablo”, “voces extrañas” y “Babilonia” estaban intentando “confundir” a los adventistas con puntos de vista “aberrantes” sobre la Biblia. Entre ellas, señaló que:

“Incluso he oído hablar de un intento de cuestionar la legitimidad de los 66 libros del canon bíblico, sugiriendo que necesitamos mirar los libros apócrifos no canónicos para quizás ampliar nuestra visión de la verdad”

Wilson exhortó a la Iglesia a “rechazar esto”.

Ya que, el pastor Wilson sólo mencionó que había “oído hablar de un intento”, parece que habló basándose en la palabra de otros y no en una investigación independiente. Quienquiera que lo haya oído, probablemente se refería a mi reciente aporte académico sobre el tema. No me sorprende demasiado que se resista a ello. Estoy seguro de que muchos adventistas sentirían lo mismo que él y pensarían en reaccionar a tales ideas con sentimientos similares.

Aunque ciertamente algunos pueden esperar que me ofenda que el líder de la Asociación General de mi iglesia parezca haber calificado erróneamente mi investigación como parte de la obra del diablo, mi intención no es insistir en los malentendidos que todos sufrimos. El pastor Wilson simplemente está reaccionando de la misma manera que lo han hecho tantos líderes adventistas ante esta información e ilustrando la necesidad de por qué no puede ser ignorada por nuestra iglesia.

Aportes académicos adventistas sobre los apócrifos

En esta respuesta a sus comentarios, me gustaría apartar la atención de mí mismo y volver al tema en cuestión, presentando a otros el estado actual de la investigación adventista sobre los apócrifos, para ayudar a contextualizar lo que dijo y explicar por qué yo, y otros eruditos de la iglesia, tendríamos que estar en desacuerdo con la evaluación del pastor Ted Wilson.

En 1969, Arthur White, nieto de Ellen White y quien trabajó en la consolidación del White Estate, que supervisa sus escritos, supo que Ellen White había mencionado positivamente un libro apócrifo durante una visión. Esta visión nunca se dio a conocer al público adventista ni se reconoció su existencia. Aun así, Arthur White, reconociendo que podría ser un problema en el futuro, intentó escribir una respuesta a la misma. Esta respuesta escrita por él y el contenido de la visión en relación con los apócrifos, que se mantuvo en secreto para la iglesia en general, sólo se dio a conocer al público en 1985 porque Ron Jolliff, del entonces Southwestern Adventist College, solicitó su publicación.

La visión reveló que Ellen White declaró: “Vi que los apócrifos eran el libro oculto, y que los sabios de estos últimos días debían entenderlo”, lo que Arthur White evitó interpretar con alguna investigación, argumentando en su momento que, dado que parecía que nadie conocía otras declaraciones relacionadas, valía la pena dejarlo solo como tema de estudio.

Dos años más tarde, en 1987, Ronald Graybill, profesor de Loma Linda y antiguo secretario asociado del White Estate, sorprendió al adventismo cuando publicó su artículo inédito “Under the Triple Eagle: Early Adventist Use of the Apocrypha” [“Bajo el triángulo del Águila: El uso de los primeros adventistas de los apócrifos”], en la ya desaparecida revista Adventist Heritage. Graybill había descubierto que los primeros adventistas habían apoyado en gran medida los escritos conocidos como apócrifos, y específicamente el libro de 2 Esdras (4 Esdras) como inspirado. Incluso descubrió que la joven Ellen White había hecho más referencias a los apócrifos en sus visiones iniciales que el propio James White en su famoso documento Word to the Little Flock [Una palabra al pequeño rebaño]. La conclusión final de Graybill: que Ellen White, cuando era joven, se vio influenciada por los apócrifos y se basó en ellos, al igual que quienes la rodeaban, y que la colección dejó de tener influencia para la denominación alrededor de la década de 1880.

No fue hasta 1998 cuando Denis Fortin, profesor de la Universidad de Andrews, presentó la siguiente nota importante, un artículo en una conferencia adventista sobre los escritos de Ellen White. Posteriormente se publicó en The Review en 2002, con el título “Sixty-Six or Eighty-One? Did Ellen White Recommend the Apocrypha?” [“¿Sesenta y seis u ochenta y uno? ¿Recomendó Ellen White los apócrifos?”]. La investigación de Fortin afirmaba, en contra de los administradores del pasado, que Ellen White era probablemente consciente de que se basaba en los apócrifos (coincidiendo con Graybill), pero dejaba la cuestión de si consideraba los apócrifos como inspirados como una pregunta que no podía responder.

Luego, en 2014, el White Estate dio a conocer públicamente todos los escritos inéditos de Ellen White, revelando por primera vez que ella había mencionado el Apócrifo durante otra visión sólo menos de un año antes de su otra visión. Allí, en una transcripción (archivada como Manuscrito 5, 1849), Ellen White habló de los apócrifos como “parte” de “la Palabra de Dios” y advirtió que Satanás estaba tratando de eliminarlos de la Biblia. La declaración, nunca antes vista, se publicó junto con un comentario de Roland Karlman que señalaba, de forma cómica o inocente, que “se han publicado pocos comentarios sobre [estas declaraciones]”.

Mientras estudiaba en la Universidad de La Sierra, empecé a trabajar en una tesis de licenciatura sobre el tema bajo la supervisión de Kendra y Gil Valentine, que finalmente condujo a una publicación en Spectrum en 2018 y traducido por Eric Richter para la Revista Memrah de la Universidad Adventista del Plata, Argentina, titulado: “Una breve historia de los apócrifos en el adventismo”. Demostró, con el mayor acceso en línea de los Archivos Adventistas, que la conclusión de Graybill de que el aprecio de los apócrifos perdió interés para los adventistas en la década de 1880 era incorrecta. De hecho, resurgió más tarde y sólo se extinguió a finales de la década de 1910, tras la muerte de Ellen White. Además, debido a la recién vista visión de Ellen White de 1849, su joven visión de los apócrifos parecía haber cambiado en nuestra comprensión, pasando de utilizar simplemente el lenguaje de estos libros a respaldarlos activamente como una colección. Junto a mi artículo en Spectrum aparece también uno de Donald Casebolt, titulado “It Was Not Taught Me By Man” [No lo aprendí de los hombres], que coincide en que Ellen White usó material apócrifo.

En 2019, presenté una ponencia para la Sociedad Adventista de Estudios Religiosos que se publicó posteriormente en Adventist Today titulado “Antíoco Epifanes en 1909: Ellen White, Daniel y el libro de los Macabeos”, en el que demostré cómo las opiniones de Ellen White sobre la profecía bíblica, influenciadas por 1 Macabeos, no estaban muy alejadas de las expresadas mucho más tarde y con controversia por Desmond Ford. A esto le siguieron varios artículos que escribí sobre el tema para CompassMagazine, en los que exploraba la contribución de diferentes libros apócrifos a la herencia adventista.

De modo que, en 2020, publiqué un estudio en la revista adventista europea Spes Christiana titulado “Las Escrituras olvidadas: Alusiones y citas de Ellen White a los apócrifos”. Este estudio fue quizás el más destacado desde Graybill, ya que demostró que, contrariamente a las suposiciones anteriores, Ellen White continuó de hecho recurriendo, citando indirectamente y aludiendo a los apócrifos a lo largo de su ministerio, casi siempre sin detenerse. Esto abrió nuevos interrogantes y preocupaciones sobre si sus primeras visiones representaban sólo sus opiniones de juventud, o si eran representativas de sus convicciones privadas a lo largo de su vida.

Finalmente, en 2021, contribuí con un capítulo al Oxford Handbook of the Apocrypha, titulado “The Protestant Reception of the Apocrypha” [“La recepción protestante de los apócrifos”]. En él, revisé las opiniones de los primeros reformadores sobre los apócrifos, situando el interés adventista en el contexto más amplio del protestantismo. El capítulo revela que, contrariamente a lo que se supone, Martín Lutero, Juan Calvino y muchos protestantes estaban abiertos a creer que ciertos libros apócrifos eran canónicos/inspirados. Asimismo, la mayoría de las denominaciones (incluido el adventismo) nunca han dejado clara su posición sobre los apócrifos, lo que indica que el canon no está cerrado oficialmente para la mayoría de los grupos protestantes, incluso en la actualidad.

Un cambio de paradigma 

Obviamente, las contribuciones de los eruditos adventistas, incluyendo las mías, han estado construyendo lo que es un cambio sísmico en el pensamiento adventista moderno, pero que está redescubriendo nuestra herencia adventista anterior e incluso protestante con mayor fidelidad. Cuando me pregunte, si al hacer estas investigaciones, tendrían un impacto en las conversaciones que la iglesia está teniendo, nunca imaginé que tendría un alcance tan grande que abarcaría al propio presidente de la Asociación General, el pastor Ted Wilson. Más aún, no esperaba que la primera vez que se mencionara, sería completamente satanizada, despreciada y mal calificada. De hecho, parece que el propio Wilson admite que en realidad nunca ha leído mi obra ni otras, sino que sólo ha “oído” hablar de ella de segunda mano.

Entre las otras advertencias del pastor Wilson que dijo durante su sermón, enumerando catorce cuestiones a las que quiere que los adventistas se resistan, declara como la segunda el decreciente interés por las enseñanzas de Ellen White. Estoy totalmente de acuerdo. Es precisamente porque Ellen White declaró en una visión en 1849 que los apócrifos eran la “Palabra de Dios” y que todos los adventistas debían “guardarlos en su corazón”, que exploramos y escribimos sobre el tema. Es precisamente porque Ellen White argumentó en otra visión en 1850 que los apócrifos “son para los sabios de estos últimos días”, que buscamos entender cómo y por qué habló de esa manera. Es porque vemos evidencia a lo largo de su vida de que cito y uso continuamente los apócrifos, que nosotros, como historiadores adventistas, nos preocupamos por investigar por qué es así. Si vamos a tomar en serio a Ellen White, debemos aprender qué hacer con estos hechos y no simplemente ignorarlos. Si vamos a rechazar su consejo, debemos saber por qué y hasta qué punto deben ser rechazados.

Mi mensaje para el pastor Wilson y para todos los demás es: no rechacen la investigación y no se alejen de ella por el hecho de desconocerla. Tómense el tiempo para leerla y luchar con ella (y con Ellen White). En lugar de rechazarla como confusión de Babilonia, ruego que organizaciones como la Sociedad Adventista de Estudios Religiosos, la Sociedad Teológica Adventista y muchas otras dediquen tiempo a explorar estos temas con la profundidad y la reflexión que aún no han recibido. Necesitamos un compromiso más fiel de los eruditos de la iglesia en este tema, no menos.

Traducido y editado por Daniel A. Mora, B.Th. Editor para AToday Latinoamérica. 


Matthew J. Korpman es profesor adjunto de Estudios Bíblicos y Teología en la Universidad de la Sierra. Graduado por la Universidad de La Sierra y la Escuela de Divinidad de la Universidad de Yale, está cursando su doctorado en Nuevo Testamento en la Universidad de Birmingham. Es autor del popular libro Saying No to God: A Radical Approach to Reading the Bible Faithfully (Quoir, 2019). [Diciendo no a Dios: Un enfoque radical para leer la Biblia con fidelidad]

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