Por Steven Siciliano  | 25 de abril, 2022  |

Antes de empezar, permítame exponer tres puntos claves:

  1. La salvación final de un individuo depende de mantener la fe y la fidelidad hasta el final (con lo que me refiero a la muerte del individuo o al segundo advenimiento).
  2. Ninguno de nosotros puede predecir el futuro ni saber con certeza si permanecerá fiel hasta el final. Por lo tanto,
  3. lógicamente, es imposible tener la seguridad de la salvación. Ese concepto es un mito o, en el mejor de los casos, una aplicación errónea.

Entonces, ¿de dónde viene esta frase y el sentimiento que la acompaña? ¿Por qué tantos individuos se aferran a ella? ¿A qué realidad puede apuntar el término, quizás de forma ambigua? ¿Y por dónde podemos empezar a aclarar todo esto?

Empecemos por lo primero

Como probablemente se haya dado cuenta, la palabra salvación puede referirse a una condición presente o futura. La salvación definida como la vindicación en el día del juicio y la inclusión en el reino depende de que los individuos perduren hasta el final. Jesús lo dijo explícitamente en Mateo 24:13, y el Nuevo Testamento lo asume en todo momento. Ese es el significado futuro del término, y el más crucial debido a su finalidad. Una persona necesita permanecer fiel hasta el final para poder salvarse.

Sin embargo, la palabra salvación también puede referirse a una condición presente: la de nacer de nuevo, ser justificado o, en el lenguaje cotidiano, estar en una relación feliz con Dios en este momento. Las Escrituras apoyan la idea de que las personas pueden tener confianza en su estado actual con Dios.

Por lo tanto, parecería que esta simple distinción entre los significados presentes y futuros del término debería resolver el problema de si la “seguridad de la salvación” es o no una expresión válida. Podemos decir con un alto grado de seguridad que estamos salvados en el presente, sobre la base de la gracia de Dios y nuestra respuesta consciente y positiva a Dios. Sin embargo, a pesar de nuestras buenas intenciones y determinación, no podemos tener la seguridad de que perduraremos y nos salvaremos al final, ¡porque aún no hemos vivido el futuro!

(Con respecto a la salvación presente, escribí “alto grado” de seguridad, en lugar de “total”, para dar cuenta del hecho de que podemos no entendernos a nosotros mismos y nuestros motivos con un cien por ciento de certeza. La incertidumbre religiosa ocurre y a veces puede llevar a una persona fuera de la fe. Sin embargo, ese calificativo no debe implicar el extremo opuesto: que vivamos como si no tuviéramos ni idea de si estamos o no en Cristo. Nunca encontraremos la perfección en nuestras propias acciones o motivos, pero si hemos conocido y aceptado el regalo de la gracia divina, nos hemos comprometido a cambio y hemos mantenido esa conexión, entonces sí, podemos decir que estamos en una relación salvadora con Dios).

El vínculo calvinista

Lamentablemente, decidir si los cristianos deben seguir reclamando la seguridad no es tan sencillo como distinguir entre estas dos definiciones. La “seguridad de la salvación” se ha convertido en un término emocionalmente cargado para los creyentes de más de una comunión cristiana. Y aunque no soy un experto en la historia de la iglesia, creo que la frase deriva de la tradición calvinista y se encuentra más a gusto en ella.

Calvino sostenía que Dios había predestinado incondicionalmente tanto a los que se salvarían como a los que se perderían, y que no hay nada que una persona pueda hacer o elegir para cambiar las cosas. Surgió entonces el problema de cómo alguien puede saber si está o no entre los salvados, un enigma que se agrava por el hecho de que algunos aparentes cristianos acaban alejándose de la fe.

La solución que surgió fue la idea de que los creyentes podían confiar en su estatus si habían experimentado un momento de conversión tangible e identificable. Si se combina esta propuesta con la idea de que Dios no sólo decide quién se salvará, sino que garantiza que perseverará hasta el final, los creyentes pueden tener la seguridad de la salvación tanto en el presente como en el futuro.

Nuestra simpatía por la frase

En los círculos adventistas, el afán de afirmar la seguridad surgió probablemente como reacción a la tendencia de los mensajes de la denominación a poner en duda no sólo el futuro desconocido del individuo, sino la integridad de su compromiso religioso en el aquí y ahora. Muchos abuelos de la iglesia atestiguan haberse sentido inseguros e inaceptables ante Dios durante toda su vida, como si nunca fueran lo suficientemente buenos, sinceros o entregados.

Por un lado, la iglesia se identifica como Laodicea, ese miserable y poco entusiasta paso final en las supuestas siete etapas de la evolución de la iglesia. Además, la preocupación del adventismo por el pecado, la santificación y la perfección puede engendrar fácilmente un sentimiento de desesperación, no sólo en lo que respecta a una posible apostasía futura, sino a la posición de uno ante Dios en el presente, que no se detiene, hasta el punto de la muerte.

Así que, aunque nunca es una buena práctica hacer teología como reacción a un problema, abrazar la seguridad fue en este caso un mecanismo de supervivencia. Teniendo en cuenta la inquietante duda sobre sí mismo que ha caracterizado la experiencia adventista, no es de extrañar que la seguridad de la salvación se recibiera de forma tan sincera y sin cuestionamientos.

Para ser claros, cuando se trata de la paz, la alegría y la seguridad en el presente, podemos y debemos tener la seguridad del amor, la aprobación y la aceptación de Dios. Sólo que no podemos extender esa certeza como una especie de garantía hacia el futuro.

Pero por muy claro que esté todo esto, yo diría que muchos adventistas insisten en promover la seguridad de la salvación por otra razón: porque la denominación se ha empapado y rendido a la terminología, el sentimiento y las presuposiciones evangélicas. Tener la seguridad de una salvación ambiguamente definida sobre la base de una definición incompleta de la fe, se ha combinado para proporcionar una sensación de paz que era necesaria pero que no se ha comprobado. Por lo tanto, un tratamiento exhaustivo de este tema requiere no sólo una crítica, sino una descripción positiva de la fe bíblica, como se expone a continuación.

La salvación en términos de relacionamiento

La religión bíblica es relacional hasta la médula porque es inter-personal hasta la médula. Siempre implica un llamado y una respuesta en la que ambas partes contribuyen a que la unión funcione. Dios inicia y proporciona todo, pero se espera que los humanos reciban la oferta de Dios y respondan con la confianza y la lealtad, lo que llamamos fe.

Los que han llegado a conocer, amar y comprometerse con Dios pueden sentirse seguros de su situación actual e incluso creer en el poder y la promesa de Dios de llevarlos hasta el reino. Pero para salvarse al final, esa relación tiene que perdurar hasta el final. Y hasta que llegue el final (ya sea el de la historia o el nuestro) podemos esperar, planificar y esforzarnos por tomar decisiones que preserven la fe, pero no podemos tener lógicamente un tipo de seguridad que ignore o niegue los caprichos del libre albedrío.

¿Qué quiero decir realmente? 

Era importante analizar todo esto, no sólo para matizar una frase popular y señalar nuestra afinidad, tal vez poco útil, con el evangelismo, sino para exponer en términos adecuados, la dinámica relacional mutuamente responsable que impregna la religión bíblica (y la sociedad humana). Reconozco que he aprovechado la ocasión para describir dos puntos de vista sesgados, pero ha sido con el propósito de presentar una alternativa más precisa.

La tradición calvinista afirma un resultado predestinado y benefactor para todos los elegidos, basado en la voluntad soberana de Dios al margen de cualquier elección que los individuos puedan hacer hoy o en el futuro. El adventismo se había centrado tanto en el pecado y la perfección del comportamiento, que las almas sensibles han vivido con una perpetua sensación de inseguridad en el aquí y el ahora.

El camino bíblico, por el contrario, es más equilibrado y fácil de entender, incluso sencillo. La salvación no se basa ni en el decreto inescrutable de Dios ni en la impecabilidad humana, sino en el amor iniciador de Dios y en nuestra respuesta de fe y lealtad, con el bautismo como punto de entrada visible y la Cena del Señor como señal de compromiso continuo. Ambas ceremonias -suponiendo que se hagan con sinceridad- sirven como símbolos de fidelidad continua, que es lo que Dios siempre ha buscado.

En otras palabras, el verdadero objetivo de esta reflexión era presentar un esbozo de la verdadera fe bíblica, en la que Dios se ofrece gratuitamente y a cambio espera confianza y devoción, mientras dure nuestra existencia.

¡Esta es la religión bíblica!

Traducido y editado por Daniel A. Mora, B.Th., Editor para AToday Latinoamérica 


Steven Siciliano es pastor de las iglesias de Jackson Heights y Hartsdale en la Gran Asociación de Nueva York de los Adventistas del Séptimo Día.

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