por Loren Seibold  |  3 de noviembre de 2021  |  

Cada vez que se publica en Adventist Today un artículo sobre la ordenación de la mujer, hay alguien –a menudo dos o tres personas– que comenta con esta cita, creyendo que resuelven el tema:

“Es necesario que el obispo sea … marido de una sola mujer” (1 Timoteo 3:2 R60).

Este versículo aparece casi al principio de un pasaje que describe las cualidades de carácter que necesita tener alguien para ser un episkopos, una palabra griega que se traduce como Obispo, Anciano o supervisor. Esta lista de requisitos es usada por muchos cristianos, incluyendo nuestra denominación, para describir las cualificaciones para ser un pastor. Una lista similar sigue para el cargo del diácono. (Es importante señalar que “diácono” en la iglesia primitiva significaba algo mucho más que los ujieres que recogen las ofrendas, como ahora, pero ese es otro estudio).

La referencia sobre el cargo del obispo abarca tres versículos e incluye muchos detalles. Pero para algunos adventistas, en toda esa larga lista de descripciones, sólo destaca una palabra: marido de una sola mujer.

¿Qué significa?

Es curioso que esta frase “marido de una sola mujer” llame tanto la atención, sobre todo porque nadie está absolutamente seguro de lo que realmente significa.

La interpretación tradicional suponía que era una advertencia contra la poligamia: un líder de la iglesia no debía tener varias esposas. Mientras que la poligamia era común en la cultura hebrea pre-exílica, los romanos pensaron que la poligamia era bárbara, y la mayoría de los habitantes del imperio (incluyendo a los judíos y cristianos) cayeron finalmente en esta norma. Los mejores intérpretes ahora rechazan esa interpretación porque no hay evidencia de poligamia en ninguna parte de la iglesia del Nuevo Testamento.

Sin embargo, cuando se rechaza la poligamia como el único significado de esa frase, se abren posibilidades que podrían afectar a la iglesia ahora de algunas maneras relevantes. “Marido de una sola mujer”, como ves, no diferencia entre varias esposas al mismo tiempo o varias esposas consecutivas. Así que podría significar que los episkopos no podrían divorciarse y volverse a casar, o posiblemente incluso enviudar y volverse a casar.

Esto hace que muchos líderes religiosos se retuerzan, porque hay un buen número de pastores adventistas que se han divorciado y se han vuelto a casar, algunos en los más altos niveles de liderazgo de la iglesia, incluyendo la Asociación General. Conozco a un Departamental ministerial que se encontraba en su tercer matrimonio cuando lo conocí. Las dos esposas anteriores convenientemente habían cometido adulterio, lo que le dejaba el camino libre para volver a casarse, según la fórmula matemática de Marcos 10:2-12.

(Ese caso, junto a varios otros que hicieron la misma afirmación, siempre han planteado dudas en mi mente sobre la validez de esa norma del adulterio. La ex esposa de un pastor me dijo: “Dije que cometí adulterio para poder salirme de un matrimonio horrible y que mi esposo siguiera teniendo un trabajo para mantener a nuestros hijos”. Me pregunto con qué frecuencia ocurre esto).

¿Y qué pasa con los pastores que no están casados? Un pastor soltero no es el marido de ninguna esposa, y por la misma interpretación estricta que hace que un marido sea masculino, también requeriría que fuera… ¡un esposo! Un pastor viudo ha sido esposo, pero con la muerte de su esposa deja de serlo. Estrictamente hablando, no podría casarse de nuevo, ¡porque eso lo convertiría en marido de dos esposas seguidas! (Y no, no estoy siendo más meticuloso en esta interpretación de aquellos que se enfrascan en esa palabra “marido” para restringir el género del pastor).

Así que, aparte del género implícito en la palabra “marido”, el resto de este versículo no ha sido analizado ni aplicado correctamente. Hay pastores divorciados que se quedan solos, otros divorciados que se vuelven a casar; pastores viudos solos, pastores viudos que se vuelven a casar, y pastores que nunca se han casado. Rara vez se les cuestiona su idoneidad para la ordenación basándose únicamente en su estado civil o en que se hayan casado con una sola mujer en su vida.

Requisitos más rigurosos

Volvamos al tema, no perdamos de vista de qué trata 1 Timoteo 3, este pasaje trata del carácter de los líderes de la iglesia. ¿Por qué esa palabra – “marido”- domina entonces el debate cuando hay otras características adicionales?

De niño, recuerdo que el presidente de la Asociación de mi ciudad tenía tres hijos, eran mal portados. Cuando eran adolescentes, eran bravucones, bebían alcohol, enseñaban a todo el mundo groserías, fumaban y tenían las revistas pornográficas de Playboy. Todos los años, uno de ellos empezaba en nuestra Escuela, para desaparecer uno o dos meses después y aparecer en Maplewood, Platte Valley o en algún otro lugar de la ciudad, de donde también desaparecían los otros dos antes del final del curso. (Siempre me sentí triste por el personal del colegio, que tenía que llamar al presidente de su Asociación y decirle que su hijo había sido expulsado nuevamente de la escuela. Sospecho que hubo algunas escenas de enfado y amenazas). Uno de estos muchachos fue asesinado al poco tiempo de terminar la escuela, hasta donde supe los otros dos nunca se distinguieron como nobles cristianos.

Éramos contemporáneos con estos jóvenes y nos causaban mucha curiosidad. Especialmente los que veníamos de hogares que no eran pastorales –de los que se esperaba que se comportaran como buenos hijos Adventistas del Séptimo Día. Recuerdo que nuestros padres decían que Satanás obraba incansablemente contra los hijos de los pastores y los obreros de la iglesia. Un intento por tratar de explicarnos por qué esta familia había acabado tan mal a pesar de que el padre era pastor.

Sin embargo, hubo muchos hijos de otros pastores que terminaron bien. Incluso en ese momento no era difícil sospechar que algo estaba pasando con el que dirigía esa familia, especialmente porque el comportamiento de sus hijos era tan terriblemente malo.

Aun así, yo nunca escuché a nadie sugerir que este pastor debería quitársele las credenciales o dejar de ser el presidente de la Asociación. No sólo cumplió sus periodos como presidente, sino que fue ascendido a otra Asociación cuando terminó en Dakota del Norte.

Piensa en algunas de las familias con problemas que has visto en el ministerio pastoral, así como en las diferentes oficinas desde la Asociación Local hasta la Asociación General. Luego lee esta lista.

Así que el obispo debe ser intachable, esposo de una sola mujer, moderado, sensato, respetable, hospitalario, capaz de enseñar; no debe ser borracho ni pendenciero, ni amigo del dinero, sino amable y apacible. Debe gobernar bien su casa y hacer que sus hijos le obedezcan con el debido respeto; porque el que no sabe gobernar su propia familia, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios? No debe ser un recién convertido, no sea que se vuelva presuntuoso y caiga en la misma condenación en que cayó el diablo. Se requiere además que hablen bien de él los que no pertenecen a la iglesia, para que no caiga en descrédito y en la trampa del diablo.

¿Cuántos quedarían si se despidiera a cada pastor que tiene un hijo rebelde o incrédulo? ¿Cuántos pastores estarían capacitados para tirar la primera piedra? Podría hacer una lista aquí de los pastores arrogantemente conservadores –algunos bastante famosos– que quedarían automáticamente descalificados por causa de sus hijos, pero continúan en el liderazgo porque son verdaderos creyentes con genitales masculinos.

¡Y sin embargo una mujer piadosa es descalificada sólo porque no es un “marido”!

Una interpretación tentadora

Me parece insólito que de una lista que de principio a fin es acerca de cómo uno elige comportarse moralmente, estos religiosos conservadores se enfoquen en la única cosa que no tiene nada que ver con el comportamiento, sino con algo que uno no elige cuando nació. Muchas mujeres tienen un carácter y una familia excelentes –seguramente mejor que la del presidente de la Asociación mencionado antes- pero oficialmente la denominación no las ordena porque no pueden ser “maridos”. Muchas mujeres son increíbles maestras y líderes, pero son dejadas por fuera porque no son “esposos”.

Puedo ver, supongo, por qué esta interpretación es tan tentadora. Ciertamente es más fácil calificar para el puesto de dirigente de la iglesia por haber nacido con genitales masculinos y el placer de casarse con una mujer. Para la mayoría de nosotros, los hombres heterosexuales, eso es algo natural, y ¡qué bien que podamos interpretar la Biblia para decir que eso nos hace ganar un estatus automático, incluso si fuéramos un poco tontos, apenas competentes, poco amables o tuviéramos un mínimo de talento!

Pero si nos vas a juzgar a nosotros los pastores de acuerdo con toda esa lista… bueno, eso es una cuesta bien empinada. Incluso si haces todo lo posible, no hay garantía de que tu familia vaya a cooperar con toda la conducta perfecta que les exiges. Yo, de hecho, no tuve ningún hijo, así que tener una familia obediente es una calificación estricta y dura (como lo es, según algunos, el género implícito en “marido”) ¡Nunca debieron dejarme ser pastor!

Y ni siquiera entremos en la cuestión de si episkopos se refiere a un pastor ordenado, dado que la ordenación confesional como tal nunca se define explícitamente en el Nuevo Testamento.

Una mejor palabra que “marido”

Hay otra interpretación más sensata de “marido de una sola mujer” que encaja en el contexto. Hoy en día, la interpretación más común y acertada es que un líder de la iglesia tiene que ser sexualmente moral. La Nueva Versión Internacional dice que debe ser “fiel a su mujer”. Se entiende que la afirmación se refiere principalmente a la moral sexual e incluye el género como algo momentáneo.

En otras partes de la Escritura entendemos que algo mencionado brevemente no puede convertirse en el argumento más importante. Por ejemplo, Joel 2:28: “…profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones”.

Nótese que aquí no se menciona en absoluto a las mujeres de la tercera edad. ¿Se debe descalificar a Ellen White como profeta después de cierta edad porque tuvo sueños o visiones siendo una mujer mayor? Nunca he oído que se aplique de esa manera. Nosotros decimos que las profecías, las visiones y los sueños de los últimos días son el punto principal, no el género o la edad de los que experimentan estas visiones y sueños.

Además, hay buenas razones para creer que el apóstol Pablo tampoco pretendía excluir a nadie por su género. El argumento de que un diácono debe ser el marido de una sola mujer (1 Timoteo 3:12) se cae por sí solo. En Romanos 16:1-2, Pablo llamó diácono a una mujer llamada Febe. Ya que una mujer no puede ser “marido de una sola mujer”, asumamos el hecho de que Pablo les está hablando a los líderes de Éfeso que son esposos, debido a que la mayoría de los líderes en esa iglesia eran hombres.

Aunque no todos los dirigentes son hombres. Aquí está Febe, que no es un marido, ¡pero sigue siendo un diácono!

Así que, ¿no tendría más sentido asumir que Pablo se sentiría más cómodo diciendo que un obispo o un diacono debe ser el conyugue fiel de su pareja, ya sea este hombre o mujer?

Al basurero

Durante casi dos siglos, los adventistas hemos criticado abiertamente a los católicos por hacer declaraciones ex cátedra sobre el significado de la Biblia y por imponerlo a su iglesia. Escuchar al pastor Ted Wilson el 9 de octubre me recordó de nuevo que los adventistas nos parecemos más a la Iglesia Católica Romana de lo que admitimos. Hacemos nuestro trabajo con menos ropa pomposa y sin esos adornos en la cabeza, pero somos igual de autoritarios. La Asociación General es nuestro Papa: habla ex cathedra y nos dice exactamente lo que debemos creer y cómo actuar, y cualquiera que no esté de acuerdo es un mal adventista del séptimo día.

Creo que nuestros pioneros se escandalizarían de lo que ha llegado a ser la Asociación General.

Pero eso es tema para otro artículo. Por ahora, dejemos de lado esta tonta “prueba” de que la mención de un pastor como “marido de una sola mujer” dice que todos los líderes de la iglesia deben ser hombres. No es ni bíblica ni sensata, y es hora de arrojarla al montón de basura de la historia interpretativa.


Loren Seibold es el Editor Ejecutivo de Adventist Today. Traducción de Daniel Mora.

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